¿Por qué las subculturas no son una referencia como hace veinte años, que cambiaban generaciones y vidas?

Antes, para poderte diferenciar y responder a la idea de identidad, armabas grupos que provocaban que la gente se uniera a tí a través de afinidades y rebeldía. Pero con el Internet esto se atomizó. Ya no hay contracultura, la gente puede subirse a grupos más específicos y pequeños.

¿Y qué pasó con la moda?

Por un lado, el fast fashion abarató todo: para ser punk tenías que invertir dinero en tu atuendo. Ahora en Zara encuentras todo. La inversión es poca y movible y la transformas. Además la gente antes también invertía mucho en su música. Ahora está en Spotify. Ya no hay necesidad de fetiches con objetos. Con las propuestas digitales ahora se fetichiza el sujeto.

¿Y con los Sapeurs y el Zef de Die Antwoord?

Ellos son la subcultura de la subcultura por los lugares en que se generan. No están en el centro sino en la periferia. Por eso todavía tienen el esquema de generar subcultura. No les pasa aún que están mediados por Internet. El eje sudafricano de Die Antwoord y Neil Blookamp (director de “Chappie”) tiene un formato cultural diferente y les permite generar otros imaginarios. Pero en la práctica, cuando traduces Die Antwoord a Occidente, es totalmente “glamurizado”. Se les ve como “raros cool” y como individuos, no como movimiento.

¿Ha llegado a tal punto lo “glamurizado” que todas las subculturas tendrán el mismo destino del grunge, por ejemplo? ¿Ser solo tendencia de ropa cada 10 años?

Uno antes salía y grafiteaba. Creía que cambiaba a la sociedad. Ahora uno sube una foto a Instagram y tiene 16 mil likes. Tiene más impacto e inmediata satisfacción. Cambiar la sociedad ahora está más dulcificado a través de las redes. No es lo mismo grafitear una pared que poner algo en tu muro de Facebook o Twitter: esto cambió el grito desesperado del rebelde en un continuo aplauso de las redes sociales.