La semana pasada, la organización no gubernamental Transparencia Internacional publicó el Índice de Percepción de la Corrupción 2015, que sitúa a República Dominicana como el décimo país más corrupto de América. En conversación con Metro, Alejandro Salas, director de TI para el continente, aclaró que una mejoría de un punto en la medición del país resulta muy poco significativa, y que más bien refleja un estancamiento en materia de respuestas al flagelo de la corrupción administrativa.

República Dominicana subió un punto en relación con 2014, pero para la gente 2015 fue “el año de la corrupción”. ¿Qué hace la diferencia entre realidad y percepción?

Efectivamente, el Índice de Transparencia Internacional es sobre percepciones. Básicamente se le pregunta a cientos de expertos, inversionistas y analistas de mercado sobre su percepción en el sector público en 168 países, mediante encuestas de instituciones de prestigio global, como el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial, The Economist y otros, y a partir de ello se hace el índice.  En este sentido, estamos hablando de un sesgo, pues son principalmente actores del sector privado dando su opinión sobre el sector público.

Al nivel país la vida diaria de ciudadanos y ciudadanas puede ser diferente y su experiencia directa en cuanto a que les soliciten sobornos para acceder a servicios públicos, por ejemplo, podría afectar la opinión que tengan. Es muy válida tu pregunta, es solo que en cuanto a nosotros poder contar con información relevante que permita hacer comparaciones metodológicas válidas en tantos países al nivel global, nos tenemos que apoyar en las encuestas que aplican estos grandes organismos internacionales.

Sin embargo, quiero aclarar que una subida de un punto en nuestra medición, es muy poco significativa, más bien refleja un estancamiento, que en el caso dominicano no es muy honroso, pues cuenta con una calificación de 33 puntos, en una escala donde 100 es considerado muy limpio y 0 altamente corrupto.

¿Se miden todos los países “con la misma vara” o influye su historial de corrupción para su desplazamiento en el ranking?

Definitivamente se mide con la misma vara, son las percepciones como explicaba anteriormente. Desde luego que las percepciones están afectadas tanto por experiencias directas como por los casos y escándalos de corrupción.

No es sorpresa, por lo tanto, que dos de los casos más grandes y más sonados en el 2015 en América Latina, “La Línea”, que involucró al expresidente  (Otto) Perez Molina de Guatemala, y la corrupción alrededor de la empresa Petrobras, hayan hecho que tanto Brasil como Guatemala sean dos de los países al nivel mundial que más han caído en las percepciones.

¿Qué parámetros influyen para que República Dominicana se mantenga en una posición desfavorable?

La debilidad de las instituciones democráticas en el país y la falta de una real voluntad política para cambiar las cosas son dos de las principales razones.

Con debilidad institucional me refiero a la capacidad de instituciones, como por ejemplo el Poder Judicial, de ejercer un trabajo efectivo y autónomo del poder político, de partidos políticos o del Ejecutivo del país; o de la autonomía y recursos necesarios para que una contraloría fiscalice el dinero público y ponga frenos al mal uso de los recursos públicos, o cuando las millonarias compras y contrataciones que hace el Estado no son debidamente vigiladas y se abusa de ellas.

Los países que califican más alto son aquellos que ejercen una real separación de poderes en el Estado y que les dan “blindaje” a las instituciones encargadas de vigilar y sancionar la corrupción para operar de manera independiente.

La voluntad política es clave también. Es común que los políticos durante elecciones prometan y ofrezcan poner frenos a la corrupción pues es un tema de interés global; sin embargo, la voluntad significa pasar de las palabras a los hechos, del papel a las acciones.

¿Qué tanta culpabilidad tiene le sector privado en estos índices tan altos de corrupción en América Latina?

Tiene mucha responsabilidad. Hay una expresión que dice que “para bailar el tango se necesitan dos”. Para la corrupción es lo mismo, está el que cobra el soborno y el que lo paga. Vuelvo a citar al caso de Petrobras en Brasil, pues es muy gráfico. Ahí se descubrió, gracias a la formidable labor de valerosos jueces y fiscales, y de la Policía Federal, que grupos de empresarios y funcionarios y políticos corruptos unieron fuerzas para crear un sistema de abuso y extracción de recursos de la paraestatal brasileña. Los empresarios fueron tan culpables como los funcionarios o políticos.

¿Es la Justicia culpable de que haya impunidad en la corrupción?

La Justicia efectivamente tiene el papel principal, pues es la función del Estado que se debe encargar de castigar el delito. Si la Justicia es selectiva, es decir, si solo persigue a unos y no a otros, o de plano no hace bien su trabajo, el corrupto no será sancionado y quedará libre y nuca será castigado. Eso es muy común en América Latina. Países como México, Argentina, Guatemala, Honduras, etc., tienen niveles de impunidad altísimos. En República Dominicana también es raro ver que se castigue a alguien por corrupción.

Pero no solo la justicia es responsable de la impunidad. Todos los ciudadanos también podemos ser responsables. Por ejemplo, cuando votamos en elecciones por individuos corruptos, les estamos regalando un pase de entrada a esos sujetos para que abusen de su poder y saquen los recursos del Estado.

¿Cómo es el proceso de evaluación de cada país, dado el hecho que de que ustedes han determinado que República Dominicana ocupa la posición número 10 (en América)?

En realidad ocupa el puesto 103 al nivel mundial entre 168 países, es decir, un puesto muy bajo. Históricamente, desde que hacemos la medición por más de una década, el país ha estado en la parte baja de la tabla y, honestamente, no se ven señales de que esto vaya a cambiar, a diferencia de algunos otros países que sí muestran una evolución histórica, como Colombia o Panamá, por citar dos ejemplos.

Basta preguntarse, qué medidas importantes y efectivas ha tomado la República Dominicana en los últimos años para fortalecer su sistema anticorrupción. Me temo que no se puede elaborar una lista muy larga.

¿Por cuáles vías y procedimientos llegó a su ranking el caso Félix Bautista?

Eso ha sido un proceso aparte. El índice es una medición, como lo explicaba antes, de percepciones que se colectan a través de encuestas de alcance global. El caso de Bautista ha sido una campaña aparte diseñada y llevada a cabo exclusivamente desde el Secretariado Internacional de Transparencia Internacional en Berlín.

“Desenmascara al Corrupto” (Unmask the Corrupt en inglés) es una campaña que abrió a nominaciones públicas al nivel global para que las personas propusieran casos de individuos o instituciones que consideran involucrados en casos de “Gran Corrupción”, entendiendo esta como el abuso del poder en altos niveles del Estado para el beneficio de unos pocos a expensas de muchos, y que causa daños serios a los individuos en la sociedad.

Además, esta generalmente no se castiga (volviendo al tema de la impunidad). Así es como Bautista fue nominado y llegó a la segunda fase de nuestra campaña, que es una votación abierta al público. La votación sigue abierta hasta el 9 de febrero; los invitamos a seguir votando por el caso que más les llame la atención en www.unmaskthecorrupt.org

En el informe se citan casos esperanzadores como el de Guatemala. ¿Tienen algún tipo de expectativas de que el hito se pueda repetir en algún otro país incluyendo a Republica Dominicana?

Efectivamente, Guatemala fue muy importante, y funcionó gracias a que la Comisión de Naciones Unidas Contra la Impunidad está operando de manera muy profesional y efectiva en el país, de la mano de la fiscalía nacional y, además, gracias a la voz de la gente que durante semanas salió a las calles a pedir la renuncia de Pérez Molina y poner un alto contra la impunidad. Brasil también está mostrando que la Justicia funciona, al igual que Chile.

Tengo esperanzas de que Honduras vaya también por ese camino y, tal vez Argentina, aunque es temprano aun para juzgar si el presidente Macri va a pasar de las palabras a los hechos. Para serte honesto, en República Dominicana no veo señales, lo cual es lamentable.
 
¿Cree que el caso Odebrecht ya ha alcanzado las dimensiones que iba a tener o todavía es posible que salpique otros países como Republica Dominicana?

Hay muchos indicios de que las grandes constructoras brasileñas implicadas en el escándalo Petrobras, como Odebretch principalmente, “exportaron” ese modelo de hacer negocio con el Estado. Ya en algunos países de la región se han encontrado algunos casos y pruebas, como en Guatemala, Perú y Venezuela.

No puedo adelantar juicio, pero no me parecería extraño si más adelante se descubren más casos en otros países y no encuentro argumentos sólidos en contra que no me hagan sospechar que en tu país también pudo haber pasado.