Éramos un par de colombianos hambrientos de éxito. Llenos de ilusión por las nuevas oportunidades que se presentaban al encontrar un trabajo en el extranjero y nuevas aventuras culturales, partimos de Colombia a mediados de 2013 con destino la ciudad de Erbil, la capital de la región semiautónoma del Kurdistán iraquí.

Todo fue una grata sorpresa. Al principio encontramos una gran sensación de seguridad y una ciudad, que si bien no ofrecía mayores distracciones, sí nos brindaba un sitio diferente y seguro para toda la inversión extrajera que siempre trae consigo la industria petrolera; incluso pensamos en ampliar el objetivo de dos años de residencia en Erbil, dadas las buenas condiciones y la situación financiera que mejoraba con el paso de los meses.

La fantasía empezó a desvanecerse a principios de junio de 2014. Ese mes oimos hablar por primera vez del ISIS. Fue en un reporte de seguridad de la compañía para la que trabajamos. Ahí se relataba cómo el ISIS había tomado la ciudad de Mosul, que se encuentra aproximadamente a hora y media de Erbil­, pero que está fuera del área de Kurdistán. En ese momento empezamos a seguir las noticias locales para estar más enterados de lo que pasaba en la frontera y los movimientos de ISIS.

Como inmigrantes viviendo permanentemente en Erbil, empezamos a pensar que debíamos estar preparados para salir de esta ciudad en caso de que la situación empeorara, debido a la cercanía de las acciones del ISIS. Durante el mes de julio, el mes sagrado de Ramadán, hubo una aparente calma y no se escucharon mayores noticias del ISIS y sus acciones.

Sin embargo la primera semana de agosto, justo después de la celebración del final de Ramadán, el ISIS volvió con más fuerza y, de alguna manera, nos tomó desprevenidos. Nos estábamos cambiando de casa, llevábamos todo el día empacado cosas. Ya habíamos llevado todas las cosas delicadas, incluyendo el televisor, a nuestro nuevo hogar. Era la última noche en nuestra antigua casa, así que andábamos desconectados de noticias y de la gente local que, normalmente, es la principal fuente de información de lo que pasa.

Ese día por la noche, vinimos a enterarnos que el ISIS había avanzado hacia varias poblaciones muy cerca de la frontera de Kurdistán. Ya estaban en Makhmour, a aproximadamente 30 kilómetros de donde nos encontrábamos. La desinformación era muy grande y corrían versiones de que ya enfilaban hacia Erbil. A las 10 de la noche nos escribió nuestro jefe por Whatsapp. “¿Dónde están? ¿Cómo se ven las calles de Erbil?”, nos preguntó. Él estaba en otra ciudad de Kurdistán y el servicio de telefonía celular no funcionaba, ni Facebook ni Twitter.

Nosotros vivíamos en un 20vo piso. Nos asomamos a la ventana y vimos muchísimos automóviles en la calle y una fila interminable en la estación de combustible más cercana. Mi jefe nos dijo que estuviéramos pendientes y preparados, que cualquier cosa podía pasar y nos contó de los enfrentamientos que estaban sucediendo.

Los siguientes dos días fueron de creciente incertidumbre y preocupación a medida que anunciaban suspensión de vuelos de múltiples aerolíneas a Erbil. Clientes de nuestra empresa estaban suspendiendo operaciones, empezaron las evacuaciones masivas de personal extranjero por parte de compañías de la industria y los centenares de refugiados que empezaron a llegar a Erbil, familias enteras, niños pidiendo dinero o comida, gente sentada en las calles, buscando refugio del calor en los primeros pisos de construcciones a medio terminar.

Como somos varios latinos trabajando en diferentes compañías, creamos nuestra propia red de información para compartir noticias y estar enterados de los últimos desarrollos y, por supuesto, tomar nuestras propias decisiones. La pregunta que todos nos hacíamos era: “¿Será que es hora de irse?”. Muchas noticias falsas presentadas en cadenas de noticias, como CNN, en donde mostraban mapas que incluían Erbil dentro de las zonas controladas por el ISIS y zonas bombardeadas por Estados Unidos, no colaboraban para aclarar la situación.

El hecho de trabajar rodeado de empleados locales (kurdos, yazidis y otras de las tantas minorías étnicas que existen en todo el territorio iraquí) hacen aún más confusa la situación, pues algunos dicen: “Tranquilo, Kurdistan es seguro. Los Peshmerga (ejército kurdo) nos protegen no hay nada de qué preocuparse”. Cabe notar que los kurdos, en general, son altamente nacionalistas y devotos creyentes de la fortaleza de su ejército, y mucha gente está dispuesta a tomar el rifle que guardan en casa desde la época de Sadam para ir a apoyar a los Peshmerga y contribuir en la protección de su territorio.

Pero hay otros locales, principalmente yazidis cuyas familias se encontraban ubicadas fuera de la frontera de Kurdistán, que nos dicen: “Estoy preocupado por mi familia, quiero traerlos a Erbil, no sabemos cuándo estos locos del Estado Islámico entren a nuestra villa”.
Por otro lado nosotros, como otros pocos colombianos que vivimos aquí, no sabemos qué hacer en caso tal que la situación se complique.

Lo que sucede es que paradójicamente le reportamos a la embajada del Líbano en Beirut, a donde no podemos ir porque necesitamos visa y no la podemos tramitar, pues en Erbil no hay consulado de ese país. Mientras que para Turquía no necesitamos visa, es más cerca y hay vuelos diarios a Estambul, pero eso, como dicen, es harina de otro costal.

Lejos de Colombia, donde el recuerdo de los desplazados esta aún latente, tenemos que volver a vivir nuevamente esta triste historia, pero ahora por algo tan incomprensible como lo es para nosotros los occidentales no profesar el mismo credo religioso.

2003
Estados Unidos invadió Irak y participó en el derrocamiento del gobierno de Saddam Hussein, lo que ocasionó una disputa entre suníes y chiíes.