Es la última estación antes de la terminal, que se llama martes 8 de noviembre. Hillary Clinton y Donald Trump se verán las caras por última vez en el tercer debate presidencial en la Universidad de Nevada, Las Vegas. El escenario, una vez más, es propio de una final de los pesos pesados. Serán seis segmentos de 15 minutos cada uno en los que se tratarán seis temas distintos: deuda y privilegios, inmigración, economía, Corte Suprema, asuntos internacionales y aptitud para ser presidente.

El moderador, uno de la cadena republicana Fox News: Chris Wallace.

Hillary Clinton llega con una ventaja de siete puntos porcentuales por sobre Donald Trump, según RealClear Politics. A la candidata demócrata no le han afectado mayormente las filtraciones de decenas de miles de correos que WikiLeaks ha hecho en las últimas semanas, y de las que su rival republicano se ha colgado para acusarle de negligencia e incompetencia para el cargo de presidente.

Al propio Trump, por su parte, sí le han afectado las acusaciones que varias mujeres hicieron en su contra por agresiones sexuales la semana pasada, la peor de su campaña. El candidato republicano se ha defendido apelando al poco atractivo de algunas de ellas y acusando a los medios de comunicación de conspirar en su contra. Lo cierto es que han sido muchos de esos medios quienes, en sus páginas editoriales, han expresado su apoyo a la candidata demócrata.

“Trump no puede hacer mucho para incrementar su apoyo ya que ha sido él mismo quien se ha encargado de alejar de su candidatura a quienes podrían habérsele alineado”, dice John Zogby, socio fundador de la consultora John Zogby Strategies, a Metro. “Su única esperanza es conseguir más apoyo entre los electores blancos, y quizá a mujeres casadas que tiendan a ser conservadoras y que no les guste Clinton”, agrega.

Y sobre lo que espera para el debate, apunta: “Quizás su foco será tratar de ensuciar a Clinton lo suficiente como para incitar a que los votantes indecisos se queden en su casa”.