A una provincia donde las montañas y los cocoteros por poco se besan con las nubes, llegan las ballenas jorobadas. Vienen a La Bahía de Samaná, de República Dominicana, a aparearse y a dar los frutos para la permanencia de su especie.

Viajan desde Groenlandia y de las aguas frías del Atlántico Norte de Estados Unidos. De todos los lados de mundo llegan al Caribe en busca de un santuario marino; el Banco de la Plata y el Banco de la Navidad, el área protegida más grande del país, que abarca un perímetro de 12,700 millas cuadradas.

 Cantantes, acróbatas. Estas ballenas, además de su joroba, tienen aletas pectorales conocidas como las alas del mar; miden unos 16 metros y pesan alrededor de 40 toneladas (una tonelada equivale a mil kilogramos).

El clima tropical de esta isla las mueve a convertir esta Bahía en cuna de sus crías, que luego de una gestación de 12 meses, nacen con unas 2,000 o 3,000 libras y 12 pies.

A sus anchas, van de aquí para allá. Dejan ver en algunos momentos destellos de su piel negra con manchas blancas.

Robustas; las hembras más grandes que los machos. Su cola y las olas. Su canto y su nado convertido en danza. Se saben el mar de memoria.

La licenciada en biología Matilde Mota las describe como gigantes marinos que vienen a pasar el invierno en nuestras cálidas aguas. “Esta zona es su área de reproducción pero allá en el norte tienen su área de alimentación”, explica, además de calificar el mes de febrero como el momento ideal para visitar las ballenas jorobadas a la Bahía de Samaná.

“Los machos vienen a cantar bellas canciones a las hembras y a competir en grupo hasta lograr aparearse y preñarlas. Ellas se van y al año siguiente regresan a parir sus crías en estas costas dominicanas”, cuenta Mota, también técnica en el viceministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales en áreas protegidas y biodiversidad.

Se dice que este canto es una forma de comunicación con los de su especie ya que por el reflejo de la luz en el agua se les dificulta la visión.  

Aunque pudiera parecer confuso. estos animales no son peces, son mamíferos al igual que los seres humanos. Carecen de pelo porque esto les impediría un poco la navegación. Según la especialista son de sangre caliente; sus patas delanteras están transformadas en aletas, y las que vienen al país tienen en el lomo una “joroba viva”.

Cada dos años una cría. A diferencia de los niños que nacen de cabeza, los ballenatos – término marino para los recién nacidos de esta especie- nacen de cola.

Para su alimentación prefieren los peces pequeños y un “camaroncito llamado Krill”.

“Los adultos hacen aquí su dieta y se van en línea. En su lugar de origen comen toneladas. A los pequeños los alimentan con una leche, muy rica en proteínas y grasas. Quizá porque necesitan engordar para tener energía”, subraya la experta en biología marina.

Seres marinos inteligentes que comen solo durante el verano. Migran hasta más de 20 mil kilómetros cada año. Como tienen el sentido del oído más desarrollado que otros animales, su mayor sufrimiento es la contaminación acústica.
 

De paseo con la prensa

El pasado miércoles 10, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales dio apertura oficial a una jornada de visitación de  ballenas jorobadas junto a comunicadores nacionales y extranjeros como parte de la “Temporada de Observación 2016”.

El referido organismo espera que con este atractivo turístico, que va de enero a marzo, asistan más de 40 mil visitantes.

El viceministro de Áreas Protegidas y Biodiversidad, Daneris Santana, exhortó a la población a participar de esta importante actividad. “Vamos por un tercio de la temporada y ya hemos sobrepasado los 17 mil visitantes. La proyección que hemos hecho es de unas 40 mil personas, nacionales y extranjeros que vendrán en esta temporada”, detalla.   

Santana también afirma que esta actividad genera alrededor de 100 empleos directos para nativos de la zona.

Aunque el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales es el órgano regulador de esta actividad, dominicanos y extranjeros tienen la oportunidad de ir y presenciar este espectáculo natural el día en que gusten dentro de los meses sugeridos (enero-marzo).

Por cuestiones de seguridad se recomienda a las embarcaciones que cuando lleguen a la zona de avistamiento –observación- mantengan una distancia prudente de estos mamíferos y que naveguen con expertos en grupos que faciliten el equilibrio del buque.

En esta oportunidad, se cumplen 30 años de haberse declarado el Banco de la Plata como primer santuario de la región del Gran Caribe para la protección de las ballenas jorobadas.

También se conmemora el décimo aniversario del hermanamiento los santuarios Banco Stellwagen y Banco de la Plata, de Estados Unidos y República Dominicana. Entre ambos hay unas mil millas de distancia; el primero es zona de alimentación y el segundo zona de reproducción.

Estas viajeras también suelen ir a aparearse a América del Sur, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Hoy, las ballenas jorobadas, protagonistas de esos cuentos infantiles, están de visita en Santa Bárbara de Samaná; tierra rica en playas y especialista en albergar cada año a estos huéspedes marinos.