El presidente estadounidense Barack Obama rindió homenaje ayer en Orlando a los 49 “inocentes” muertos hace cuatro días en un letal ataque en un club nocturno, evocando el dolor “indescriptible” de las familias.

“Estas familias son parte de la familia estadounidense”, dijo Obama. “Nuestros corazones también están destrozados”.

“Podemos impedir tragedias. Podemos salvar vidas”, dijo Obama al término de una reunión con familiares de las víctimas cuyo dolor calificó de “indescriptible”. “Si no reaccionamos, veremos otras masacres como ésta”, advirtió. El mandatario agradeció a los equipos de emergencia médica que actuaron tras el peor ataque que sufre el país desde los cometidos el 11 de septiembre de 2001.

Cuatro días después de la matanza, que dejó 49 muertos y 53 heridos y que fue reivindicada por el grupo Estado Islámico (EI) al cual el asesino dijo obedecer, el presidente acudió en auxilio de una ciudad que no hace sino iniciar su duelo.