Le llaman el padre de la gerencia social, pionero de la ética para el desarrollo, y gurú mundial en responsabilidad social empresarial. Se trata del economista argentino y principal asesor de Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD, por sus siglas en inglés), Bernardo Kliksberg, quien conversó con Metro sobre los desafíos económicos y sociales que encara América Latina y las herramientas que necesita la región para superarlos.  

El también asesor principal de la dirección regional de la FAO para América Latina y el Caribe, está en Puerto Rico entre el 19  y 20 de octubre como parte de una cumbre con líderes de diversos sectores sociales y económicos  de la isla caribeña.

Muchas empresas multinacionales están apuntando a América Latina como una zona ideal para la inversión. ¿Realmente la región es la nueva panacea  económica del mundo?

– América Latina en su conjunto mostró cómo los países pueden enfrentar las crisis que no son cíclicas, sino reestructurales. En 2008-09, las economías mundiales más poderosas sufrieron golpes catastróficos, como Estados Unidos, Japón y Europa. América Latina, frente a esta crisis, reforzó las reformas sociales y no redujo los sistemas de protección social, al contrario, los potenció.

Fue uno de los continentes menos afectado. Inmediatamente que pasó el pico de la crisis, América Latina comenzó a crecer vigorosamente.  

No obstante, precisamente la semana pasada en Perú, el Fondo Monetario Internacional revisó la proyección de crecimiento de América Latina y el Caribe. ¿Qué desafíos debe superar la región para evitar un freno en ese crecimiento?

– En primer lugar mantener la tasa de empleo, porque esa es la clave. Todo el mundo dentro de una democracia merece tener un trabajo decente.

Los desempleados no son vagos, ni enfermos. A la gente, cuando se le da la oportunidad de emplearse, esas economías del mundo reaccionan.

Hay que proteger y fomentar las pequenñas y medianas empresas, porque son la clave de las economías.

Hay que fomentar economías solidarias y las cooperativas que tanto recomienda el Papa Francisco, y hay que introducir las nuevas tecnologías.
 
¿Cree que las tensiones recientes que Venezuela ha tenido con Estados Unidos y Colombia y que Chile tiene con Bolivia lleven a una desunión de los países de la región?

– Por un lado, hay estas tensiones para lo que creemos que la paz es la opción para resolverlas. Pero, por otro lado, hay continua ampliación de los órganos de integración regional de América Latina.

Diría que el miedo hoy en día no es que haya conflictos, sino que uno de los mayores desafíos es seguir profundizando en la integración regional.  

Hay quienes piensan que la economía es cíclica. ¿Cree usted en eso?

– No. Eso no tiene verificación científica importante. Es como los que piensan que el clima es cíclico y hay un deterioro estructural del clima. Con la economía pasa lo mismo.

Ha habido dos grandes crisis económicas mundiales, la de 1930 y la de 2008-09, de la que no se ha salido.

Es más estructural la crisis y no cíclica. De los años que cayó el producto bruto mundial y el comercio mundial en 2008-09 y, después del pico de la crisis, las economías más importantes siguen estancadas.

Menciona la necesidad de las economía solidarias. ¿Cree que el sistema capitalista ha caducado?

– Mi referente mayor en materia económica, social y política es el papa Francisco. El Papa habla de las economías solidarias y no le interesan las etiquetas y a mí tampoco.

El único título aceptable para una economía, es una economía con rostro humano.

Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca no son capitalistas ni anticapitalistas; son economías con rostros humanos. Todos los sectores se preocupan para lograr los resultados que han logrado. Es basarse en la solidaridad.

¿Llegaremos algún día a ver una equidad económica en el mundo?

– Yo tengo la esperanza, y hablo desde el lugar de la esperanza, porque es fundada en los hechos. Hay cuatro países en el mundo que tienen cero pobreza, que son los nórdicos.

Bután es el único país en el mundo que tiene una huella ecológica positiva que ha logrado total armonía con la naturaleza.

Más cerca de nosotros, Costa Rica, que no tienen ninguna materia prima estratégica, siempre ha tenido la tasa de pobreza más baja de América Latina. ¡Cómo no tener esperanza!