La Semana Santa, para muchos dominicanos, ha dejado de ser un tiempo de recogimiento y meditación personal, para convertirse en una época de llanto y dolor, motivados por las muertes que cada año se reportan.

La mayoría de los casos fatales que se registran están directamente relacionados con accidentes de tránsito.

De acuerdo con el último boletín del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), 30 personas perdieron la vida durante las vacaciones de Semana Santa 2015.

El director del organismo, general Juan Manuel Méndez, detalló el lapso de asueto se produjeron 955 accidentes de tránsito, resultado mil 53 personas afectadas.

Dentro de los involucrados en accidentes viales, 26 fallecieron por consecuencias de accidentes de tránsito, de los cuales 14 involucraron motocicletas, seis vehículos livianos y seis por atropellamiento. Solo cuatro de los decesos se produjeron por asfixia por inmersión (ahogamientos).

La historia se repite de forma similar cada año, cientos de personas y decenas de entidades gubernamentales y no gubernamentales ponen en marcha operativos de prevención por Semana Santa, no obstante, las muertes, principalmente por accidentes viales no cesan, lo que sin duda evidencia que hay un factor común: el fallo podría estar en las vías.

Aunque las autoridades atribuyen muchos de los casos a imprudencias de los conductores, hay que destacar que un problema es la combinación del gran flujo vehicular con las precarias señalizaciones de las calles, carreteras y avenidas de las distintas ciudades del país.

Transitar por la autopista 6 de Noviembre, que comunica la región sur con la capital dominicana, resulta peligroso, más si el recorrido se hace en horas nocturnas.

Esta vía tipo expreso, cuyos orígenes se remontan al último período de gobierno del expresidente Joaquín Balaguer, carece de los reflectores tipo “ojos de gato” que se colocan para orientar, principalmente en los tramos con muchas curvas.

Además, en la mayoría de los puentes que tiene la vía no están debidamente señalizados, y las curvas, cruces e intersecciones tampoco cuentan con muestras de alertas.

Los reductores de velocidad del peaje han desaparecido, lo que puede contribuir al incremento de accidentes automovilísticos, debido a que esta estación solo cuenta con dos pasos, en dirección oeste-este, mientras que el flujo vehicular es muy alto.

De igual modo sucede con la carretera Sánchez, en San Cristóbal: los reductores de velocidad del peaje brillan por su ausencia, “los ojos de gato perdieron la visión” y los símbolos que orientan al conductor acerca de lo que hay más adelante ya no existen más.

En el tramo que comunica a la Circunvalación 27 de Febrero, en dirección este-oeste, la carretera Sánchez se presta a confundir a los conductores, ya que la vía tiene varias rayas en cada carril, producto de la ampliación luego de los trabajos en la autopista que comunica el sur con el norte.

La autopista Duarte, que comunica a Santo Domingo y la capital con la región norte exhibe las mismas precariedades.

En el Distrito Nacional, la problemática es la misma, las rayas que dividen un carril del otro en algunas vías están borrosas; en otras, ya se borraron en su totalidad. Ese es el caso de la avenida Prolongación 27 de Febrero, específicamente en el tramo conocido como Pintura o “esquina caliente”.

Allí los conductores no tienen un curso definido para recorrer, lo que incide en el aumento del caos que muchas veces terminan en accidentes.

Además, la viga que da inicio a la isleta que divide la Prolongación con la 6 de Noviembre no exhibe ninguna señal, por lo que existen altas probabilidades de que los vehículos se estrellen contra el muro.

Otras situaciones que también podrían incidir a aumentar los accidentes viales son la falta de semáforos, e incluso, aquellos que aunque están,  no funcionan.

Es el caso de la avenida Luperón: el semáforo ubicado en la intersección de la Guarocuya lleva aproximadamente un mes fuera de funcionamiento, sin que hasta el momento las autoridades tomen cartas en el asunto. Además existen otros cruces en esa misma vía que carecen de esta señal.

El tema de los elevados también representa un peligro: muchos de los que se ubican en el Distrito Nacional tampoco están debidamente señalizados, aparte de que cuentan con poca o ninguna iluminación.