En Estados Unidos, no necesariamente gana el candidato a la presidencia que consiga más votos, sino el que consigue más votos electorales del Colegio Electoral. Donald Trump y Hillary Clinton lo tienen claro, y han enfocado su campaña en los llamados “estados clave” para sus candidaturas.

Estos estados han sido determinados tanto por las características de sus votantes como por la cantidad de votos electorales que aportan; un candidato necesita obtener 270 de estos votos para ganar la elección. Por lo tanto, los votantes no eligen directamente al presidente, sino que eligen al elector para que les represente en su voto final.

¿Cómo un candidato consigue los votos electorales? Obteniendo la mitad más uno del voto popular de un estado. Cada estado del país entrega una cierta cantidad de votos electorales, según la información demográfica recogida en el último censo del momento.

“Cada estado tiene tantos votos electorales como su total representación en el Congreso”, explica Fletcher McClellan, profesor de Ciencias Políticas del Elizabethtown College de Pensilvania, Estados Unidos. “Eso es, el número de representantes (diputados) en la Cámara de los Representantes más dos, por los senadores. Por ejemplo, Pensilvania tiene 18 miembros en la Cámara y dos senadores, así que aporta 20 votos electorales”. puntualiza.

Los estados que más votos electorales aportan son California (55), Texas (32), Nueva York y Florida (29). California y Nueva York tienden a ser estados demócratas, y Florida ha variado en las últimas elecciones: apoyó a Bush en 2000 y en 2004, y a Obama en 2008 y en 2012.

Y mientras los republicanos tienden a ganar en los estados del interior (Wyoming, Utah, Kansas, Idaho y Oklahoma) como del sur (Arkansas, Tennesee, Missisipi, Luisiana, Alabama, Georgia, Carolina del Norte y del Sur), los demócratas son elegidos en los estados de las costas (Washington, Oregón, Maine, Massachusetts, Vermont, Connecticut, Rhode Island) y algunos del “midwest” (llinois, Minesota).

Colorado, Arizona, Nevada, Iowa, Michigan, Wisconsin, Virginia y Pensilvania, además de Florida, son los considerados estados “swing”, o los que están en disputa. A través de la historia han demostrado apoyar tanto a demócratas como a republicanos, y es donde Clinton y Trump están concentrando sus esfuerzos.

Mientras Trump apunta a los estados donde el electorado está mayormente conformado por blancos sin educación (Iowa, 62 por ciento; Wisconsin, 57 por ciento; Ohio, 53 por ciento; Nevada, 42 por ciento), Hillary Clinton se enfoca en los estados donde la diferencia entre votantes blancos sin educación y con educación es mínima (Virginia, 2 por ciento; Colorado, 0.1 por ciento).

Por lo general, los estados aportan todos los votos electorales al candidato que obtiene la victoria. Las excepciones a la regla son los estados de Maine y Nebraska, que los asignan en un sistema escalonado en el que los electores votan tanto al nivel de distrito como de estado. En EE.UU. se piensa la elección presidencial como 51 elecciones distintas, y no como una sola nacional.

Los orígenes

Este sistema de elección ha sido utilizado desde que Estados Unidos es Estados Unidos. “A los padres fundadores del país les preocupaba que una democracia directa podría producir auges populistas y emocionales que podrían ser peligrosos para la nación”, dice Jack Goldstone, profesor de Políticas Públicas de la Escuela de Política y Gobierno de la George Mason University. “También querían que cada estado tuviera un peso; los candidatos tendrían que ganar en muchos estados, no sólo por voto popular, para ganar la presidencia. Ese es el motivo por el que tenemos el sistema de votos electorales”, agrega.

Fletcher McClellan tiene una opinión en línea con la de Goldstone. “Los padres fundadores no eran muy fanáticos de las reglas democráticas y no querían darle mucho poder a los ciudadanos comunes. Les preocupaba que si el presidente era elegido directamente por la gente, podría dominar las otras ramas del gobierno movilizando el apoyo popular para conseguirlo”.

Las excepciones
Cuando el voto popular dijo otra cosa

Tres han sido las veces en las que el candidato que obtuvo más votos al nivel nacional no consiguió la presidencia. Las dos primeras ocurrieron a fines del siglo XIX y la última en el año 2000. George W. Bush derrotó al demócrata Al Gore al consiguir solo cinco votos electorales más (271 contra 266). La diferencia la hizo el estado de Florida, donde Bush ganó por 0.0092 %, al lograr los votos electorales suficientes para ganar. Al nivel nacional, Al Gore consiguió poco más de 500,000 votos más que Bush, pero no fue suficiente. 

La frase

“El resultado del año 2000 es una rareza en la historia electoral estadounidense. Por lo general, el voto del Colegio Electoral manifiesta el voto popular, dándole al ganador una mayoría grande. Esa vez, el Colegio Electoral fue definitivamente injusto”. Fletcher McClellan, profesor de Ciencias Políticas del Elizabethtown College de Pensylvania