A un mes de realizar la supuesta prueba de una bomba de hidrógeno, Corea del Norte volvió a generar tensión en el escenario global al concretar el lanzamiento de un cohete de alcance intercontinental, con el alegado propósito de poner un satélite en órbita.

El test recibió la condena de la comunidad internacional, desde Estados Unidos y Europa occidental a Rusia y China.

El despegue, supervisado por el líder norcoreano, Kim Jong-un desde un centro de mando, se efectuó desde las instalaciones de la Agencia de Desarrollo Aeroespacial Norcoreana (Nada) en Sohae, al oeste del país. El cohete de tres fases colocó en órbita polar el satélite Kwangmyong 4. El artefacto circunda la Tierra cada 94 minutos, según la televisión estatal de ese país.

El proyectil sobrevoló espacio aéreo japonés cerca de la isla de Okinawa, donde existen bases militares de EEUU. La primera fase cayó en el mar Amarillo, un segundo fragmento se precipitó al mar del Este de China, y otra fase fue detectada a unos 2.000 kilómetros de Japón, en pleno océano Pacífico.
Poco después del lanzamiento, un avión de bombardeo B-52 estadounidense sobrevoló Corea del Sur como advertencia al régimen de Pyongyang.

Pese a que Norcorea afirmó que el despegue tuvo propósitos pacíficos y de investigación, EEUU considera que la acción busca completar el diseño de un misil balístico intercontinental (ICBM) capaz de alcanzar su territorio y gran parte de Asia.

En tanto, el Consejo de Seguridad de la ONU indicó que se reunirá este domingo de urgencia. El despegue ignoró las resoluciones del organismo internacional que prohíbe al régimen la realización de pruebas de armamento de este tipo.

La condena más dura vino desde Washington, donde la asesora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Susan Rice, afirmó que los programas de misiles y armas nucleares de Corea del Norte “representan serias amenazas para nuestros intereses” y “la seguridad de algunos de nuestros aliados más cercanos”.

“Socavan la paz y la seguridad en la región”, agregó.
En Beijing, la portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, manifestó su “pesar por la insistencia de la República Democrática Popular de Corea de realizar un lanzamiento de misiles pese a la oposición internacional”.

Corea del Norte “tiene el derecho al uso pacífico del espacio, pero este derecho está limitado por las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”, recordó la vocera china.
Por su parte Rusia condenó el lanzamiento diciendo que era un duro golpe a la seguridad regional, incluida la de Corea del Norte.

“Pyongyang hizo caso omiso de los llamamientos de la comunidad internacional y volvió a cometer una violación flagrante de las normas del derecho internacional”, indicó un comunicado del ministerio ruso de Relaciones Exteriores.

El primer ministro japonés, Shinzo Abe, calificó el lanzamiento como “absolutamente intolerable” y una  “clara violación” de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que prohibió a Pyongyang ensayar con misiles balísticos intercontinentales.

Por su lado la presidenta surcoreana Park Geun-Hey, en un mensaje televisado dijo que “el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas debe adoptar rápidamente medidas punitivas severas”.
Gran Bretaña “condenó firmemente” el lanzamiento y Francia pidió una respuesta “rápida y severa” del Consejo de Seguridad de la ONU.