Desde su inicio, la campaña para abandonar la Unión Europea (UE) adoptó un tono virulento, permitiéndole a muchos británicos cansados del statu quo la posibilidad de expresar todas sus frustraciones. A pesar de que los expertos y los mercados han coincidido en que el impacto del Brexit para la economía británica será negativo, mucho igual quieren dejar la UE sobre todo por dos razones: controlar la inmigración y recuperar soberanía.

La migración europea a Gran Bretaña ha puesto mucha presión en los servicios públicos, especialmente los de salud y educación. Pero estos problemas se deben principalmente a la falta de inversión gubernamental, no a los inmigrantes y al libre movimiento de ciudadanos europeos dentro la UE, que hace imposible limitar su llegada al Reino Unido.

La cuestión de la soberanía tiene que ver con la idea equivocada de muchos británicos que creen que la Comisión Europea decide desde Bruselas sobre sus leyes. Y se apela a ideas nostálgicas del papel preponderante que tuvo el Imperio británico y a la experiencia de la Segunda Guerra Mundial.