Desde el primer minuto de vida nos encontramos enlazados a nuestra madre a través del cordón umbilical; luego lo estamos cuando nos recibe en sus brazos al nacer, y en la mayoría de los casos esta conexión se extiende durante toda la vida. Por eso no es casualidad que su figura sea un pilar elemental y que marque significativamente la construcción de la personalidad de los individuos.

Al respecto, Joaquín Carrasco, psicólogo clínico asociado al Centro de Estudios e Investigación en Psicoanálisis, explica: “Desde el psicoanálisis sabemos que la madre es fundamental porque inscribe ciertas marcas que son muy profundas para el sujeto, las que están en la base de su propia constitución. Ya Freud nos advertía de la importancia de la primera infancia en la vida de las personas, momento en que la madre tiene un papel muy importante”.

Para la sociedad la imagen materna también es trascendental y constituye la base de las familias. Prueba de esto es la conmemoración del día de la madre o la relevancia que ha tenido en el arte, siendo fuente de inspiración y protagonista en múltiples obras literarias, cinematográficas, piezas musicales, etc.

Sin embargo, el papel de la mujer ha ido evolucionando y ya no se define por la maternidad. Cada vez son más las mujeres que deciden estudiar, trabajar, emprender, crecer profesionalmente o dedicarse a actividades que sean de su interés y postergan la maternidad. También se da el caso en que las mujeres no pueden tener la presencia que quisieran en la vida de sus hijos y otras personas asumen total o completamente este rol.  

Sobre esto, el especialista aclara que “es importante distinguir a la mujer que tiene un hijo en términos biológicos, a lo que podríamos denominar como función materna. En muchos casos va de la mano, pero en otros no. Por ejemplo, en nuestro país hay muchas madres que biológicamente son las abuelas de los niños. En la adopción también lo vemos: una madre no necesariamente es quien dio a luz. De alguna forma, siempre es necesario cierto acogimiento del rol materno, lo cual en ningún caso es simple y no responde a un (patrón) universal”.

Ciertamente, los papeles han cambiado y la familia que hace algunas décadas era tradicional se ha ido transformando. Hoy vemos que los abuelos, tíos e incluso hermanos se hacen cargo de los niños ante diversas situaciones y muchas veces el papel de la madre y del padre tal como lo conocíamos se ha diluido para dar paso a nuevas relaciones que se convierten en los cimientos de la personalidad de los hijos.

No obstante, según el psicólogo, sea quien sea el que asuma la figura materna, hay funciones básicas que fundamentan este rol como:

• Cuidado: “Al momento de nacer, el ser humano es tremendamente frágil y si no recibe los cuidados físicos necesarios, muere. Estos cuidados van cambiando a medida que las personas van creciendo. Por ejemplo, hay momentos en los cuales el cuidado se manifiesta en decir ‘no’, lo cual suele ser difícil para muchas madres, pero es necesario cuando acceder puede conllevar un daño para los hijos”.

• Alojamiento: “La madre no sólo cuida en términos físicos, también brinda un espacio de confianza, lo cual se constituye como una base de seguridad que luego servirá para que el niño se pueda mover en el mundo sin mayores miedos ni inseguridades. El amor y el apoyo son fundamentales”.

• Deseo: “Para que exista una mamá es necesario un deseo de serlo. Es decir, a ninguna mujer se le puede obligar a ser madre porque no va a desempeñar esa función de modo espontáneo. Este deseo se expresa, por ejemplo, cuando una mujer proyecta cómo serán sus hijos o lo que espera de ellos, se da algo similar a la expresión ‘fue un hijo deseado’. Es decir, se generó un espacio con su nacimiento que de alguna forma le hace un lugar en el mundo”.

• Separar: “Es importante que la madre ayude al niño a separarse gradualmente de ella para que pueda incorporarse al mundo. Es un proceso que va desde una dependencia absoluta del recién nacido a una independencia gradual que le permitirá ser autónomo. En este momento participan otras figuras centrales como el padre, los hermanos, etc.”.

• Influencia en la crianza: La crianza es una responsabilidad compartida entre los padres o tutores de los hijos, pero no se puede desconocer que quienes están presentes en la vida de los menores de edad influyen de diferente forma. Se cree que la manera en que una madre ejerza la maternidad va a repercutir en distintos aspectos de la personalidad del hijo, al igual que el estilo de paternidad.

De ahí que usualmente se hable de que una madre que es muy sobreprotectora le suele transmitir a su hijo que el mundo está lleno de peligros, por lo que éste podría estar propenso a ser más inhibido. O en el sentido opuesto, si se trata de una madre que no expresa su preocupación y cariño, esto podría influir en que el hijo esté muy pendiente de recibir muestras afectivas de parte del resto.

También se habla de que una madre muy permisiva, que no estipula límites claros, podría provocar en el hijo una mayor tendencia a la impulsividad y ansiedad. Ante esto, el experto señala: “Estos son tres ejemplos de cómo puede influir el estilo de crianza. Sin embargo, hay que ser claros en que no es posible establecer un determinismo absoluto. Es decir, no existe causalidad directa entre cómo es la madre, y su estilo de crianza, y cómo será su hijo en el futuro. En otras palabras, al ponerse en juego múltiples variables, no sería posible establecer a priori cómo será una persona a partir de su madre”.

Además, el experto comenta que aunque la literatura sobre el tema suele indicar cuatro estilos de crianza, entre los que se encuentran la forma autoritaria, permisiva, democrática y negligente, en ningún caso son determinantes de la personalidad.