Señoras y señores, buenas noches, gracias por aceptar nuestra invitación:
Sí, me encanta el Quijote y Sancho. Representan la unión de la capacidad de soñar y el sentido práctico. Todos debemos tener en el alma estos dos personajes.   


El poeta alemán, Gothe, quizás también inspirado en ellos  escribió el poema Ladran: Ladran con fuerza… Quisieran los perros del potrero por siempre acompañarnos pero sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos. Pedro, cabalgamos.

1.- La costumbre impone que todo discurso formal debe iniciar agradeciendo. Así que iniciaré dando gracias a Dios, nuestro mayor socio y benefactor, compartiendo un secreto: en la vida de fe es práctica común acudir, en caso de necesidad, a la intercesión de personas con fama de santidad para recibir la ayuda divina. En los dos años de construcción del proyecto que hoy nace hubo muchas ocasiones de necesidad, cuando las fuerzas humanas no bastaban para encontrar una solución; en esos momentos acudía a esta estampa.


2.- En ella se reproduce la figura de Don Álvaro del Portillo, conocido como el santo de lo imposible. Don Álvaro, antes en vida y ahora desde el cielo, ejerce de eficiente mensajero de peticiones. Como yo le debo muchos favores es justo que agradezca a Dios esta noche con la misma corta oración que él usaba en las ocasiones importantes: ¡Señor: gracias, perdón, ayúdame más! Gracias, por permitirnos llegar a este día en el que celebramos el nacimiento de este medio de información y formación; perdón, porque la tarea será mayor que los dones que poseemos para realizarla; ayúdame más, porque sé que todo aquel que pretende ser fiel a la verdad será “varón de dolores”.


3.- Después de Dios, en la jerarquía de los agradecimientos humanos está en primer lugar la familia: La familia heredada con la que compartimos la sangre y la familia escogida, a la que nos une el lazo no menos fuerte de las coincidencias de costumbres, ideales y propósitos. Quiero agradecer de manera muy especial, y en representación de toda la familia, a mi i otro yo, a mi hermano Pedro Figueroa. Desde que salimos del vientre de nuestra madre hemos compartido mil y una aventuras en una especie de andanza caballeresca en la que le ha tocado a él como a mí ser Quijote tanto como Sancho. Puedo decirle esta noche que estoy orgulloso de su incondicional compañía, ánimo grande, su paciencia y su gran fe, esa virtud que nos permite creer en lo que no vemos y aún en contra de lo que vemos.


4.- Las empresas tienen el tamaño de la estatura de su gente. Mi hermano Pedro y yo pusimos el mayor cuidado en escoger nuestros compañeros de viaje. Ningún sueño se realiza sin ayuda. El proyecto METRO comenzó a hacerse realidad cuando se unieron a la causa un selecto grupo de colaboradores. La lista la componen condiscípulos de universidad, antiguos o nuevos compañeros de trabajo y recomendados por personas o instituciones de credibilidad. Los de mayor experiencia comparten la condición de ser los mejores en su especialidad. Los de menor experiencia poseen la formación académica para llegar a serlo. Gracias a todos por aceptar dejar la seguridad del puerto para navegar con nosotros mar adentro, en busca de la tierra firme de la excelencia informativa.


5.- La vida es milicia, sin lucha nada se logra, así que como en toda batalla tenemos nuestras bajas. El sentido de gratitud de los pueblos erige un monumento para los soldados desconocidos, héroes anónimos perdidos para la historia. METRO también tiene sus héroes sin nombre. Esta noche también quiero agradecer la colaboración y entrega de aquellos que pudieron estar con nosotros; pero que no lo están, porque la vida los reclamó para otros no menos importantes compromisos. Gracias por compartir ideas, tiempo y recursos en las diferentes etapas de este emprendimiento.


6.- Todo lo que existe ahora, antes fue un sueño. Los sueños existen por los soñadores. Quiero contar la historia de tres soñadores que están relacionados con este proyecto.


7.- El primer soñador tenía unos cuarenta años, pero ya contaba con una familia de una decena de hijos. Era el principio de la década de los setenta. Desde los dieciséis años estaba trabajando para la misma empresa azucarera en la provincia de la Romana.

8- Un día tenía que supervisar la marcha de los trabajos en los campos de caña. Decidió que la mejor manera de hacerlo era a caballo. Dejó su camioneta a un costado del camino y ordenó que le trajeran una montura. Algunos rayos de sol anunciaban la cercanía del amanecer. Las nubes mostraban matices varios de lila y naranja. El cielo pintaba sobre el lienzo verde del cañaveral esos colores.


9.- Contaba este primer soñador que, sin saber de dónde, le llegó a su cabeza una pregunta acompañada de su respuesta. La pregunta: ¿Quiénes son los hombres que alcanzan reconocimiento y prosperidad? La respuesta: los que saben de algo o los que tienen recursos. El camino de los recursos estaba limitado en ese momento; así que decidió consagrar todas sus fuerzas a educar a su larga familia. La única puerta abierta al éxito era diarios procedían de la publicidad y que el restante 30% de las ventas en la calle y las suscripciones. También agregó que ese 30% era equivalente a los gastos de distribución del diario. Uno de los condiscípulos comentó que si la distribución de los diarios funcionaba así, sería mejor regalar cada uno de los ejemplares siempre y cuando viniera alguien y se los llevara. La idea se le quedó dando vueltas en la cabeza al joven durante los próximos veinte años.

10.- Su compromiso fue tan firme que, mucho tiempo antes de que fuera lograda la meta, le gustaba señalar a cualquiera de sus hijos mientras decía a sus amigos: este flaquito será abogado, el mediano médico y este otro tal cosa; y así sucesivamente hasta hacer coincidir cada cabecita con una profesión. Los amigos mal disimulaban la incredulidad ante semejante delirio. Esta actitud era comprensible, porque lo decía en un batey, los que conocen los bateyes saben que de ellos se puede decir lo que dice la biblia sobre Galilea: de allí no había salido ningún profeta.


11.- El segundo soñador comienza su formación en la escuela de periodismo de Estocolmo, Suecia. Era el año de 1973. Teñía 19 años. En la clase de economía el profesor explicaba que el 70% de los ingresos de los diarios procedían de la publicidad y que el restante 30% de las ventas en la calle y las suscripciones. También agregó que ese 30% era equivalente a los gastos de distribución del diario. Uno de los condiscípulos comentó que si la distribución de los diarios funcionaba así, sería mejor regalar cada uno de los ejemplares siempre y cuando viniera alguien y se los llevara. La idea se le quedó dando vueltas en la cabeza al joven durante los próximos veinte años.


12.- El tercer soñador estaba recién graduado de la escuela de comunicación de una universidad privada en Santo Domingo. Los compañeros de promoción decidieron hacer un viaje a Jarabacoa como celebración y tal vez como despedida de la época universitaria. Era el momento de mirar hacia el futuro; de ahora en adelante comenzaba la lucha por encontrar un espacio en el mundo. La formación académica había concluido. La hora de trabajar había llegado.


13.- A la mañana siguiente el tercer soñador se levantó muy temprano y salió a caminar con su mejor amiga de la universidad. Compartían el gusto por la charla. El bello paisaje de esa zona del país sirvió de estímulo. La amiga, después de un rato de conversación variada, le hizo una pregunta directa: ¿Qué te ves haciendo en los años por venir? Esa pregunta es la más difícil que se le puede hacer a alguien recién graduado. El joven pensó por un momento y contestó sin dudarlo: no sé cómo, cuándo ni en qué, pero me veo hablándole a mucha, a muchísima gente.


14.- El primer soñador fue mi padre, Miguel Figueroa, quien precisamente mañana, el primer día de circulación de METRO, estaría celebrando su cumpleaños. Mi padre junto a mi madre, presente aquí esta noche, se dedicó a hacer prosperar su más importante empresa, la familia. Sin el apoyo, la permanente confianza y los consejos profesionales de todos mis hermanos no estuviéramos presentando al país el diario gratuito METRO. El tiempo le dio la razón a mi padre: el conocimiento produce prosperidad. Sobre ese conocimiento se construyeron las paredes del diario METRO. Esa experiencia de mi padre me enseñó que toda nueva idea, a los ojos de la mayoría, es insensata hasta el día anterior de convertirse en realidad.


15.- El segundo soñador es Pelle Anderson, el creador y fundador del primer y más grande diario gratuito del mundo. La idea que le revoloteó por la cabeza durante veinte años se convirtió en realidad en 1994. El éxito fue inmediato. Desde ese momento METRO se ha expandido por tres continentes, 125 ciudades, 22 países, 8.5 millones de ejemplares diarios, 17.5 millones de lectores, en 13 idiomas diferentes.


16.- El tercer soñador soy yo; y miren, aquí me tienen, como todos los días, hablándole a mucha, a muchísima gente. Esta es mi pasión, la palabra. Hablada o escrita. La respeto porque es un instrumento de creación. La palabra es sagrada. Recordemos que en el principio fue el verbo y el verbo era Dios. Mi herramienta de trabajo es el verbo. Con él se construye o se destruye. Yo escogí construir. Por eso creo que la misión de la prensa es a través del verbo separar la luz de la verdad de las tinieblas de la mentira.

17.- El primer soñador, mi padre, me heredó la perseverancia y la capacidad de aspirar a metas altas; el segundo soñador, el fundador de METRO, me facilitó la herramienta. El sueño de ellos dos me permitirá seguir luchando por el mío: hablar y escribir conforme a la verdad y ayudar a otros a hablar también, para que juntos logremos un cambio. George Orwell, el literato inglés, escribió: “en un tiempo de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. Pero es válida una aclaración, la verdad para la que existimos es una verdad capaz de hacernos a todos mejores.


18.- Desde la aparición del primer diario impreso en Alemania, la función de la prensa es contar los hechos como suceden; pero muchos medios de todo el mundo se extraviaron en el camino. Algunos se convirtieron en escudos para la defensa, otros en lanzas para el ataque y muchos en torbellino para confundirlo todo.  Los medios deben ser guías que, como estrella de Belén, conduzcan a los ciudadanos hasta el pesebre de la verdad. METRO no será escudo ni lanza ni torbellino, pero sí intentaremos ser, cada día, estrella guía para todos nuestros lectores.


19.- El escritor Mark Twain dijo: “Los dos días más importantes de tu vida son el día en que naces y el día en que descubres por qué.” No recuerdo nada del día en que nací, pero sí recuerdo todo del día en que descubrí por qué. Esta es la historia de ese día. La historia de un fracaso productivo.


20.- Eran las vacaciones de verano y un sábado muy temprano me dispo nía como siempre a leer el libro de turno: recuerdo que era Cien de años desoledad, de Gabriel García Márquez. Tengo viva en la memoria la reacción que tuve al leer las primeras frases de la novela: ¨Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo¨. ¡La realidad  convertida en magia con palabras!


21.- Me llegó un pensamiento instantáneo: ¡Me gustaría poder escribir así! Recuerdo que busqué lápiz y papel y me dispuse a escribir una historia. Una hora más tarde había varias hojas desperdigadas por el  suelo y un corazón avergonzado. Estaba solo, pero aun así sentí que millones de ojos atestiguaban mi soberbia. No hay mal que por bien no venga, del colosal fracaso de intentar parecerme al Gabo saqué dos buenos propósitos: seguir leyendo y empezar a escribir.

22.- Muchos años después, cuando ya no se quedaban en blanco las hojas, comencé mi primera columna diaria, nada más y nada menos que en el diario de mayor lectoría y circulación en el país. Esa columna, de cien palabras exactas, se llamaba Espejo de Papel. La primera que escribí fue una especie de declaración de principios. Creo que recordarla hoy será oportuno, porque el compromiso que hice en ella lo he mantenido durante toda mi carrera y será el mismo que haré hoy como director de METRORD. Decía:“Esta columna reflejará el rostro de la Nación; en cada entrega leeremos cómo nos vemos. Éste no será un espejo de circo, que deforma lo bien compuesto. Aquí, si algo o alguien se muestra mal encarado, culpa del modelo será y no del cristal. No hay espejo que mienta; ninguno quita ni agrega nada. No se refleja un ángel donde se mira el mal. Este espejo de papel, a veces a gusto y otras a disgusto, una buena o mala cara presentará, pero siempre con honestidad; porque la mentira nunca es justa, aun cuando por hacer el bien se oculte la verdad”.


23.- METRO será otro espejo de papel, más grande, de múltiples voces, pero de igual filosofía. Nos hemos propuesto la utopía de hacer un periodismo de manual. Sí, el periodismo que hasta los más dignos representantes de la profesión creen que ya no es posible. Ese periodismo que reconoce como principios fundamentales: la objetividad, la imparcialidad, la pluralidad, la independencia, la honestidad intelectual y el compromisocon la verdad.

24.- José Martí dijo que no hay cetro mejor que un buen periódico. Esta frase, hoy que todo es comunicación, es más certera que nunca. El periódico es cetro y el periodista es como un rey que decide lo que debemos conocer o desconocer.


Nobleza obliga, así que el buen diario debe decir siempre lo que a todos conviene y no dejar de decir nunca lo que a alguno pueda no convenir.


El buen diario debe ser abogado de los gobernados y juez prudente frente a los que gobiernan.
El buen diario debe y puede tener sus propias opiniones, pero nunca tener sus propios hechos.El buen diario debe preferir siempre el bien público sobre el bienestar particular.
El buen diario debe ser magnánimo para la corrección fraterna y avaro para la lisonja.
El buen diario debe ser pedestal para la virtud cívica y tumba para el vicio incivil.
Debe ser encendida hoguera para avivar razones y agua mansa para apagar pasiones.
Debe defender todo lo que amplíe la libertad y abominar de todo lo que restrinja la libertad

El buen diario debe ser siempre, siempre, siempre, más amigo de la verdad.


¡Así será METRO!


¡Muchas gracias por acompañarnos esta noche!