El 24 de octubre de 2010 es un día que Milagros Díaz y sus cuatro nietos no olvidarán. Es la fecha en que el sargento de la Policía Nacional Augusto Luciano Familia mató de un disparo en la región dorsal derecha a su hija, Gisselle Odalisa Reyes Díaz, fiscal del Distrito Nacional.      

Esa noche, Gisselle salió a comprar una pizza para sus hijos y dos esquinas antes de llegar a su casa, el agente que tenía asignado la mató. Solo tenía 31 años de edad y una larga lista de experiencias por vivir.

Entre ellas, disfrutar del día de los 15 años de su hija mayor, Paola, quien con apenas 12 años esperaba con ansias ese momento, para compartirlo con su madre.

Pero ese día nunca llegó para la magistrada

Reyes Díaz murió al instante. No tuvo tiempo de despedirse, no tuvo tiempo ni siquiera de entregar a sus hijos la pizza que había salido a comprarles.

Todos se quedaron esperándola, incluso su madre, quien al ser informada sobre la muerte de su primogénita no quiso ir a ver su cuerpo tendido en el pavimento, ensangrentado y manipulado por los médicos legistas que acudieron a recoger su cadáver. Milagros prefirió guardar en su memoria el rostro de una hija siempre alegre y dispuesta a servir.

Tan radical fue su decisión que se rehusó a ir a identificar el cadáver al Instituto de Patología Forense. En su lugar, envió al padre de sus nietos, quien, aunque ya no estaba casado con Gisselle, mantenía una relación cercana con la familia y sus hijos.

Sin embargo, Milagros tuvo que ver a la fiscal tendida en el pavimento, sin vida, ensangrentada y sujetada por los brazos por el personal que recogió su cadáver.   

  No le valió rehusarse a ver el cuerpo de su hija lacerado por el disparo. No le valió dejar de ir a Patología a ver el cadáver mal acomodado por los médicos de turno, porque un periódico de circulación nacional se encargó de mostrarle a Gisselle como ningún padre o madre quisiera ver un hijo o hija.

Tuvo que verla ¨tendida en el pavimento, sin vida y ensangrentada. Esa imagen fue la primera plana de ese diario y la foto que circuló por todo el país, igual que como circulan decenas de este tipo cada día.

La escena descrita en la fotografía es la imagen que por más de cinco años esta familia ha intentado sacar de su cabeza para aliviar el dolor de la pérdida de su ser querido. Dolor que se agudiza más cada vez que acceden a Internet y se topan con ella, sin la menor esperanza de que sea eliminada de la red.

“Este tipo de imágenes afecta emocionalmente”, precisa la psicóloga Sonia Romero, quien afirma que además generan sentimientos de tristeza y desesperanza, sobre todo cuando las personas han sido víctimas de la delincuencia.

Manifiesta que las fotos y videos de violencia, accidentes, personas muertas o heridas pueden volver insensibles a algunas personas.  

Romero critica la gran cantidad de imágenes de hechos violentos que circulan en la red, al tiempo de advertir que estas pueden convertir a sus espectadores en personas antisociales.

Es que como dice un refrán popular “Una imagen vale más que mil palabras” y con ella existe la posibilidad de retratar la vulnerabilidad humana que puede llegar a ser desgarradora e impactar, positiva o negativamente, la vida de quienes la aprecien. Pero eso no es lo único que puede provocar.

También están esas imágenes o escenas que con su difusión laceran la dignidad, no solo de la víctima del hecho del que se trate, sino de sus familiares.

“Lo que se busca con estas imágenes es llamar la atención para  aumentar el número de seguidores”, asegura Romero que insiste en que el daño es peor en los niños y niñas, quienes, a pesar de estar protegidos por la ley, están expuestos a este fenómeno.

Según la Ley 136-03, Código para la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir, buscar y utilizar todo tipo de información que sea acorde con su desarrollo y a seleccionar libremente el medio y la información a recibir.

Agrega que para el ejercicio de este derecho, el Estado establecerá mecanismos de control a través de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, los ministerios de Cultura, Educación y Juventud, encaminados a que la información dirigida a este segmento poblacional se corresponda con los principios y garantías del presente Código y de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, que en su artículo 17 reconoce  la importante función que desempeñan los medios de comunicación.

No obstante, por las características de Internet, es muy difícil evitar que los niños y adolescentes queden fuera de la exposición de imágenes inapropiadas para su edad.

El Código también destaca que los estados que ratificaron el acuerdo, entre estos República Dominicana, velarán porque el niño tenga acceso a información y material procedentes de diversas fuentes nacionales e internacionales, en especial la información y el material que tengan por finalidad promover su bienestar social, espiritual y moral y su salud física y mental.

“Promoverán la elaboración de directrices apropiadas para proteger al niño contra toda información y material perjudicial para su bienestar”, explica, sin que hasta el momento se haya  acogido en el país esta disposición, violentada a diario y que ha permitido a los cuatro nietos de doña Milagros haber crecido viendo la fotografía del cadáver de su madre circulando en Internet, junto a los videos captados en la escena del crimen y en su velatorio.

En este caso, el manejo dado a las imágenes no fue el mejor. Pero no ha sido el único. Son muchas las imágenes inadecuadas que se cuelgan en muchos portales digitales.

La situación ha motivado al Observatorio de Medios Digitales Dominicanos y al Círculo Dominicano de Periodistas de Medios Digitales (Cidopemd) a comenzar la ejecución de un conjunto de acciones con miras a instruir a los ciudadanos y ciudadanas sobre el manejo correcto del contenido que se publica en la web.

Ambas instituciones trabajan para concienciar sobre la importancia de evitar la publicación de imágenes que sean lesivas para los usuarios.

Para lograrlo, el Observatorio da los toques finales a la campaña “La foto no es necesaria”, que busca motivar a los usuarios de Internet a utilizar la frase como respuesta ante la publicación de fotografías desagradables y que laceran la dignidad humana.

Con la campaña está de acuerdo no solo Romero, también el ingeniero Hiddekel Morrison, quien cree que desde el Observatorio y con programas de formación se podría lograr que disminuya la cantidad de publicaciones inadecuadas en los medios digitales del país.

Con respecto a este aspecto, Morrison ha manifestado, en múltiples ocasiones su rechazo a que la difusión de contenido sea regulada por ley, por considerar que vulnera la libertad de expresión, conquista obtenida por la clase periodística nacional en su afán de informar.

Morrison, experto en tecnología, afirma que poder mejorar el contenido difundido en Internet tiene mucho que ver con el nivel de conciencia de la población y puntualiza que internet y las redes sociales son solo el reflejo de la sociedad.

Ve en campañas educativas como “La foto no es necesaria”, una herramienta importante para lograr que los usuarios de la red hagan mejor uso de internet. Dice que la educación es la clave para que piensen dos veces antes de publicar “fotografías perturbadoras”.

“Sí, estoy de acuerdo con que se regule el contenido que se difunde en la web”, afirma Fausto García, estudiante del sexto cuatrimestre de la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), quien al igual que otros alumnos de esa casa de estudios también está de acuerdo con la propuesta.

García explica que la difusión de imágenes inadecuadas por la red puede afectar a los espectadores y en los casos de suicidio, por ejemplo, puede motivarlos a imitar la acción o afectar su desarrollo físico y psicológico, aspectos del ser humano que ya han sido considerados por países como la Unión Europea, al dictar medidas que, entre otras cosas, procuran proteger a las personas de este tipo de contenido.

Mientras tanto, habrá que esperar que el material difundido en Internet mejore, con el fin de que los más beneficiados sean los usuarios de la red, quienes además de los derechos a ser informados y a la libertad de expresión, también deben ser asistidos por el derecho a acceder a Internet sin tener que ser expuestos a cientos de imágenes difundidas en los medios digitales de manera indiscriminada.