Los afganos enterraron este domingo a sus muertos. Las 80 personas que murieron el sábado al hacerse estallar un terrorista suicida del Estado Islámico en el centro de una manifestación de hazaras recibieron sepultura. Pero son tantos, que han hecho falta cientos de personas para cavar todas las tumbas necesarias.

La gran mayoría de las víctimas son hazaras, miembros de un etnia chií tradicionalmente marginada por el resto de las comunidades afganas. Eso ha hecho que hayan sido enterradas en un mismo cementerio, a donde acudió una multitud con picos y palas e incluso excavadoras para acometer la desgraciada tarea.

El lugar de las inhumaciones fue un parque del oeste de la capital afgana dedicado al líder hazara Abdul Ali Mazari, donde esta comunidad suele celebrar reuniones y rezos, según el denominado Movimiento Esclarecedor, convocante de la manifestación contra la que se produjo el atentado.

Al nivel oficial, el país guardó luto este domingo en memoria de los muertos, que el Gobierno afgano calificó de “mártires” para los que buscará “venganza”, mientras estudia posibles fallos de seguridad, para lo que creará una comisión dirigida por la Fiscalía General de Afganistán en la que participarán funcionarios “y líderes nacionales”, explicó Menapal.

“Aquellos que sean encontrados culpables o de cometer negligencia serán tratados de acuerdo con el sistema legal”, advirtió. El Gobierno decidió prohibir durante 10 días cualquier protesta pública por razones de seguridad.