Socorristas y supervivientes desesperados escarbaban entre los escombros ayer lunes en busca de personas atrapadas tras el potente sismo en Ecuador, el peor en 40 años y que dejó unos 350 muertos, más de 2,000 heridos y una estela de destrozos en la costa del país.

Entre lágrimas, removían con las manos placas de cemento y hierros retorcidos con la esperanza de hallar a sus seres queridos. Y aunque para muchos las noticias eran malas, las tareas de rescate y evacuación daban sus frutos. Una niña que llevaba 20 horas atascada bajo los restos de un edificio fue recuperada “milagrosamente” con vida en Pedernales, epicentro del sismo que el sábado impactó en particular a la provincia de Manabí, entre otras zonas costeras, reportaron medios locales.

Pese a los esfuerzos, las autoridades reportaron un aumento de los muertos. “Tenemos lamentablemente que informar que estamos bordeando las 350 personas fallecidas, el número de heridos también se ha incrementado”, dijo ayer el ministro coordinador de Seguridad, César Navas, en declaraciones al canal de televisión Teleamazonas.

El anterior balance, de 272 muertos y 2,068 de heridos, había sido dado el domingo por la noche por el presidente Rafael Correa. “Seguramente el número aumentará y probablemente en forma considerable”, había advertido ese día el mandatario al regresar del Vaticano.