Viajaba por el kilómetro 9 de la avenida George Washington, con destino a su pueblo natal, San Cristóbal, pero un grupo de siete hombres, cansado de tanta opresión, le cambió la ruta; lo envió con destino a la muerte.

Fue la noche del martes 30 de mayo, cerca de las 8:30 de la noche, próximo a la Feria Ganadera, cuando ajusticiaron al dictador Rafael Leonidas Trujillo. Después de 31 años de opresión, unos jóvenes, aglomerados bajo el nombre “grupo acción o de la avenida”, se atrevieron a combatir la más sangrienta dictadura del siglo XX en América Latina.

El ideal de estos Héroes del 30 de Mayo, Salvador Estrella Sadhalá, Antonio Imbert Barreras, Antonio de la Maza, Huáscar Tejeda, el teniente Amado García Guerrero, Roberto Pastoriza y Pedro Livio Cedeño, era la soberanía, la libertad; satisfacer un deseo ardiente de democracia.

Siete hombres distribuidos en tres vehículos, antes de consumar el “tiranicidio”, tuvieron tres intentos fallidos –los días 17, 24 y 25 de mayo– como resultado de las variaciones en la agenda del “generalísimo”, que se autodescribía como “el benefactor de la patria”.

“En el primer auto, estacionado en las proximidades del Teatro Agua y Luz, en dirección oeste-este, viajaban Imbert Barrera, conductor; De la Maza, quien ocupaba el asiento derecho delantero; Estrella Sadhalá y el teniente Amado García Guerrero, quienes iban sentados detrás. En un segundo carro estacionado a cuatro kilómetros de la Feria Ganadera, también en dirección oeste-este, se encontraban el ingeniero Huáscar Tejeda y Pedro Livio Cedeño; mientras que el tercer automóvil, que se aparcó en el kilómetro 9 de la autopista en dirección hacia San Cristóbal, lo conducía el ingeniero Roberto Pastoriza”, según escritos del historiador y ensayista Juan Daniel Balcácer.

Se distribuyeron las armas y esperaban al tirano. La idea era interceptar el vehículo. Lo vieron venir de lejos. Trujillo venía en el asiento trasero, del lado derecho de su Chevrolet azul modelo 57, donde llevaba tres ametralladoras además de su revólver y del arma de su chofer (Zacarías de la Cruz).

Especialistas en armas estiman que fueron unos 10 minutos de disparos, 60 impactos al vehículo y siete tiros a Trullijo.

El primer balazo lo dio De la Maza, pero fue el tiro de Imbert en el pecho que detuvo la caminata de “El Jefe” cuando salió del auto y se dirigía hacia sus atacantes.

Estando el dictador ya en el suelo, bocarriba, De la Maza le disparó por segunda ocasión en la barbilla. “¡Este guaraguao no come más pollos!”, dijo y así sucedió. Del hombre que sembró el temor en los dominicanos por 31 años no quedó más que un par de páginas en los libros de historia con recuerdos grises de la memoria nacional.