“Para algunas personas es malo que un provinciano haya estudiado, pero me siento orgulloso de estar respaldado por el pueblo peruano”. Así se defendió César Acuña de las acusaciones en su contra por presunto plagio de su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid, uno de los episodios que han marcado la reñida campaña electoral presidencial en Perú.

El candidato pidió ayer disculpas por no haber citado “correctamente” en su tesis, escándalo que considera como “guerra sucia” en su contra.

Pero no es la única polémica del mismo tipo que tiene al postulante a la Casa de Pizarro como protagonista. El viernes pasado, el diario La República dio a conocer documentos que demostrarían que obtuvo su título de ingeniero químico “con la complicidad de las autoridades de la Universidad de Trujillo”. La Universidad de Lima, en tanto, tuvo que hacer aclaraciones sobre la tesis con la que Acuña obtuvo su maestría en Educación.

El empresario, que marcha hasta ahora tercero en las encuestas y amenaza con alcanzar al exministro Pedro Pablo Kuczynski –aunque ambos están a gran distancia de la todavía favorita Keiko Fujimori– ha formado junto a sus hermanos “una especie de clan, algo así como los Kirchner en Argentina”, explica a Metro Ramiro Escobar, analista peruano, profesor universitario y colaborador del diario El País: “Es una especie de cacique regional”, agrega.

En los años 90, el empresario aprovechó la reforma educativa que aplicó el expresidente Alberto Fujimori, que permitía la creación de universidades privadas sin importar que tuvieran o no fines de lucro, para fundar tres planteles. El más importante de ellos es la Universidad César Vallejo, en Trujillo, que cuenta con un equipo de fútbol homónimo.

El discurso de Acuña ha conseguido buena recepción en la clase media baja de Perú, especialmente en el norte. Allí se encuentra la mayor parte de su electorado potencial.
Su experiencia en cargos políticos incluye la alcaldía de la misma Trujillo y el puesto de gobernador del departamento de La Libertad.

De origen humilde –un aspecto que le gusta resaltar en sus discursos–, a Acuña se lo asocia con la frase “chamba como cancha”, que en Perú significa algo así como “trabajo en abundancia”. Ha prometido crear miles de puestos de trabajo: “Haremos un gobierno que genere oportunidades para que las mujeres y los jóvenes se desarrollen”, afirmó durante una reunión de su partido, Alianza Para el Progreso (APP).

“Él representa una especie de fujimorismo reciclado”, argumenta Escobar, “principalmente en términos económicos y de trabajo. Ha hiperbolizado su figura, sus orígenes humildes y sus logros empresariales para decirle a la gente ‘si yo lo hice, tú también puedes hacerlo’, lo que genera empoderamiento”.
Dicha estrategia está muy ligada, según el analista, al fenómeno del “endiosamiento” del paradigma del emprendedor en Perú.