República Dominicana celebrará sus elecciones generales el 15 de mayo venidero y está bastante claro que el bipartidismo, encarnado esta vez por el oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el opositor Partido Revolucionario Moderno (PRM), no dejará lugar a sorpresas.

En efecto, el presidente dominicano, Danilo Medina, encabeza la boleta electoral del PLD, con la cual espera mantener a esa formación en el poder por cuarta elección consecutiva, tras sortear serias diferencias internas y estructurar un amplio abanico de aliados que de acuerdo a casi todas las encuestas difundidas hasta el momento, le auguran un triunfo en primera vuelta.

Por otro lado, el candidato presidencial del PRM Luis Abinader, un bisoño en estas lides, desarrolla una campaña a contrarreloj al encabezar el más reciente desprendimiento del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que en esta oportunidad participa en los comicios en una inédita alianza con el PLD, un antiguo antagonista salido de sus propias filas en diciembre de 1973.

Abinader también ha recibido el respaldo de algunas organizaciones, además de que comparte el liderazgo del PRM con el expresidente Hipólito Mejía, quien encabezó el único cuatrienio que, en los últimos 16 años, no ha sido dirigido por gobiernos del PLD.

Para los otros cinco candidatos presidenciales las posibilidades de alcanzar el poder son exiguas, lo que define el panorama electoral a solo 90 días de unos comicios que lucen bastantes competitivos en varias demarcaciones, a raíz de un acentuado transfuguismo pocas veces visto en los últimos decenios.

Sin embargo, en un país donde el presidente de la República reúne una gran cuota de poder e influencia, todos los focos de atención se dirigen hacia quién o quiénes tienen las mayores posibilidades de resultar elegidos jefe de Estado, con lo cual Medina y Abinader son protagonistas de primer orden.

Para Medina erigirse en candidato del PLD tuvo primero que lidiar con un encendido debate nacional, pues la Constitución prohibía la reelección consecutiva, además de encarar una crisis interna que llevó a su organización al borde de la división, ya que su compañero de partido, el expresidente Leonel Fernández, se oponía a sus aspiraciones.

Luego, sorprendió con un acuerdo electoral con el PRD, que de hecho le cerró el camino a la tradicional alianza del PLD con el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que al final pactó con el PRM. Una parte de la cúpula del PRSC, no obstante, mantiene su apoyo al presidente.

Medina, conocido por su pragmatismo, lanzó su campaña oficialmente el 31 de enero pasado y desde entonces ha visitado pueblos y ciudades con un discurso de defensa a sus ejecutorias desde el Gobierno en las que resaltan su ambicioso programa de construcción de escuelas por todo el país, así como el impacto de las visitas sorpresa que realiza a comunidades deprimidas donde ofrece financiación a productores y agricultores.

Además, destaca el gobernante la creación de 400.000 empleos formales, la inclusión de millones de niños en la extensión de la jornada educativa en las escuelas públicas, el ingreso de miles de familias humildes al Sistema de Seguridad Social y el impulso de su Gobierno a la pequeña, micro y mediana empresa, a las que también otorga financiación con intereses blandos.

También se le escucha defender el crecimiento económico que registra el país, el más alto de Latinoamérica, así como la construcción de miles de viviendas dirigidas a las clases media y baja, y de favorecer sectores vitales de la economía como el turismo y las zonas francas.

Abinader, en cambio, acusa a Medina y a su Gobierno de fomentar la corrupción administrativa, de permitir la quiebra de miles de agricultores, del aumento de la criminalidad común, de la falta de oportunidades para los jóvenes, de crisis hospitalaria y de mentir al momento de ofrecer cifras de crecimiento y estabilidad económica.

El candidato opositor, quien ha mejorado su posicionamiento ante el electorado de acuerdo a las más recientes encuestas, afirma que los ciudadanos están cansados del modelo de gobierno del PLD, con lo cual entiende que la mayoría de los electores le ofrecerán su respaldo para ejecutar un cambio en la dirección del país.

A falta de tres meses para las elecciones, analistas independientes locales consideran que Medina tiene a su favor una gran maquinaria partidaria, mientras que su contendiente deberá hacer un esfuerzo extraordinario para intentar evitar que el presidente gane en la primera ronda, tal y como lo hizo hace cuatro años contra Mejía.