Hace seis años en el Distrito Nacional había 965 mil 40 personas divididas en 504 mil 137 mujeres y 460 mil 903 hombres. Son 91.58 kilómetros cuadrados distribuidos en 70 barrios o sectores, pero por cada kilómetro hay 10 mil 538 seres humanos, o sea 10.5 en cada metro cuadrado, sin contar las que entran a diario. El crecimiento vertical posibilita la fluidez, pero ¿hasta cuándo?

Aunque esta demarcación no es provincia ni municipio, tiene la mayor importancia geopolítica porque dentro está el Palacio Presidencial, el Congreso Nacional, la Suprema Corte de Justicia y todas las Altas Cortes. También las oficinas públicas y la mayoría de los ministerios. Hay un senador distrital –el más influyente del país– y 18 diputados para tres circunscripciones.

El Distrito Nacional limita al Norte con la Autopista Duarte, hasta el km. 13 (Avenida República de Colombia y Pantoja), y el río Isabela; al Este, con el río Ozama y el municipio de Santo Domingo Este; al Sur con el mar Caribe y al Oeste con el municipio de Santo Domingo Oeste y la Avenida Gregorio Luperón. Es la única demarcación territorial completamente urbana.

La tasa de natalidad vaticina un crecimiento demográfico ascendente, puesto que en el 2014, de acuerdo a la Oficina Nacional de Estadísticas, el 17.4 % de los nacimientos se produjo en mujeres menores de 20 años. Para el 2010 casi 300 mil féminas distritales entre 15 y 29 años confirmaron ser sexualmente activas con algún tipo de experiencia conyugal actual o pasada.

Tanta gente en un pequeño espacio ya fue analizado por la ONU cuando revelaron que para el 2030 el 60 % de la población mundial vivirá en las ciudades, aunque en la actualidad ese porcentaje se limita al 50 %. Lo que influye directamente en eso es, principalmente, la actividad socioeconómica, seguida por las posibilidades de vivienda y las condiciones medioambientales.

“Si no hay oportunidades de empleo no se logrará un equilibrio en la densidad. Las personas migran a donde encuentren mejor bienestar. Pasa con los campesinos que vienen a la capital y los extranjeros que entran al país y se quedan”, precisa el urbanista Raúl de Moya. Lo afianza al resaltar que Pedernales, 22 veces más grande que el Distrito Nacional, tiene un promedio de 15 personas por cada kilómetro cuadrado. Le siguen Independencia con una densidad de 29.7, Elías Piña con 45, Montecristi con 58 y Dajabón con 62.

Al nivel nacional hay por lo menos 205 personas por cada kilómetro cuadrado (ONE 2014). De acuerdo con “Estimaciones y proyecciones de la población por sexo 2000-2030”, para el 2020 habrá 10,448,499 dominicanos con 5,217,831 hombres y 5,230,668 mujeres. Para final de este año se estima que haya 387 más mujeres que hombres.

La Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales (64-00), en su artículo 120, ordena a este ministerio elaborar las reglas y parámetros de ordenamiento territorial para sacarle el mayor provecho a cada porción de tierra. Sin embargo, es el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo quien carga con esa responsabilidad, de acuerdo con la Ley 496-06, que en su artículo 4, inciso B establece: “Ser el Órgano Rector del Sistema Nacional de Planificación e Inversión Pública y del Ordenamiento y la Ordenación del territorio”.

Entre Santo Domingo (2 millones 374 mil 370), Santiago (963 mil 422), San Cristóbal (569 mil 930), La Vega (321 mil 597) y Puerto Plata (321 mil 597) se concentra casi el 50 % (4 millones 623 mil 494) de la población total dominicana, dejando las 4 millones 821 mil 787 personas restantes entre las 26 provincias no mencionadas.

El artículo 194 de la Constitución apunta que el Plan de Ordenamiento Territorial es una prioridad del Estado, pero se enfoca en el uso de los recursos naturales y su influencia en el cambio climático, no así sobre la densidad poblacional. En abril de 2014 se firmó un acuerdo motivado por la Estrategia Nacional de Desarrollo donde se asume el compromiso de “diseñar, aprobar y aplicar un Plan de Ordenamiento Territorial (...) en un plazo no mayor de tres años”.

A mediados de 2015 los diputados aprobaron en segunda lectura el proyecto de ley sobre el ordenamiento territorial. Fue enviado al Senado donde se sometió a vistas públicas y en noviembre se discutieron las observaciones. Debió ser certificado a principios de 2016, pero el senador Rubén Darío Cruz reveló que los conflictos e intereses internos impiden su aprobación.

El arquitecto Omar Rancier fecunda la hipótesis de intereses envueltos: “Hay sectores de poder, sobre todo inmobiliarios, a los que no les atrae la planificación porque choca con sus intereses. Por eso quizá en el Congreso se le cambien algunas cosas a la ley, pero esperamos que se apruebe la esencia y se aplique sin problemas”.

Como especialista en el tema –participó en la creación del proyecto de ley que presentó el Ministerio de Economía–, precisa que no se busca una planificación que favorezca a un determinado sector, sino una propuesta integral que presente soluciones para todos los involucrados. Cree que la ignorancia en el tema también frena la aprobación de la pieza.

Mucha gente, precarios servicios

La Dirección General de Impuestos Internos precisó en 2012 que el 42.4 % del parque vehicular de todo el país se encuentra en el Distrito Nacional, lo que equivale a 1,2 millones de medios de transportes, casi la mitad de lo que había en toda la geografía hace cuatro años (3 millones 52 mil 686) con menos de 100 kilómetros cuadrados para desplazarse. ¿Todavía le extrañan los tapones?

Del total de yipetas que hay en el país, el 21.82 % pulula en el centro de la capital, mientras el 21.1 % de motocicletas hace lo propio. Cuando hacemos referencia a lo macro, el 59.8 % está distribuido entre el Distrito Nacional, Santo Domingo, Santiago de los Caballeros y La Vega. El 40.2 % restante hay que distribuirlo entre 28 provincias.

Omar Rancier señala que se han creado túneles y elevados, pero se han convertido en “embudos” donde crece la congestión cuando el flujo de vehículos aumenta. Un ejemplo tangible se aprecia en las principales vías distritales al caer la tarde o resurgir la mañana. “La Ley 675-43 establece el ancho que deben tener las vías y nunca se ha respetado”, reflexiona.

Otro problema en expansión es la cantidad de basura en el ambiente. Desde el 2005 al 2013 el Distrito Nacional produjo 5.8 millones toneladas de desperdicios, más de dos veces lo que generó Santo Domingo Este (2.4 millones), el municipio más grande del país y donde cabe casi 170 veces el distrito mencionado.

La producción per cápita de basura en esta zona supera un kilogramo diario, pero a eso habría que sumarle la contaminación generada por el millar de personas que se desplaza hacia la parte céntrica de la capital en afanes laborales. Oscar García es el director de Aseo Urbano y Equipos del Ayuntamiento del Distrito Nacional y señala que hace un lustro un camión de basura recogía los desperdicios de 15 casas, ahora es de 5 edificios con 10 familias cada uno.

“Lo que hacemos ahora es modificar las rutas y ampliar la captación, pero nuestra esperanza está en una ordenanza que se emitirá en lo adelante en donde se exigirá a los edificios tener un depósito interno de basura que posibilite mantener la ciudad limpia”, señala García al tiempo de considerar que si hubiese una cultura de reciclaje los desperdicios fueran mínimos.

En el informe “Forma de Eliminación de Basura en los Hogares 2002-2010”, la ONE detalla que el 85.2 % de la porquería la recoge el ADN, pero hay un 5.2 que es quemada por la población, otro 2.9 % que es arrojada a algún vertedero local, un 2.3 % que se va a los ríos o cañadas, el 1.4 % se queda en algún patio o solar, el 1.9 % la recoge una empresa privada y el 1.1 % no se sabe.

Proseguir sería herejía si no hablamos sobre el agua. Cada habitante de Santo Domingo consume al día un promedio de 112 galones y de esos la mitad se gasta en el Distrito, cuando la media en el globo es de 70. De acuerdo con la CAASD el 18 % del líquido vital se va por el inodoro.

El subdirector de Operaciones de esa entidad, Luis Salcedo, dice que el problema empeora porque donde había una residencia unifamiliar, ahora hay una torre donde se consume 10 veces la cantidad de agua que obliga mayor demanda con tuberías que no soportan esa intensidad, lo que genera ruptura o sequía en algunos casos.

La CAASD está inmersa en un programa de rehabilitación de redes hídricas para incrementar la oferta ante la desbordante demanda. Además, mantienen una campaña mediática para concientizar a las personas en el uso correcto del líquido vital, aunque el desperdicio no cesa.

Por último es menester mencionar el déficit habitacional. En el 2010 el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo precisó que en esta media isla faltaban un millón 96 mil viviendas porque hay 447 mil inhabitables y otras 649 mil requerían mejoras urgentes. En el Distrito hay cerca de 331,000 nichos con 126,746 que deberían estar clausurados.

En el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2010 se estableció que el 56.4 % de las casas eran independientes, el 31.2 % eran apartamentos, el 8.4 % es una pieza o habitación anexa, el 1.8 % era vivienda compartida con negocio y el 1.1 % está en otra índole. Hay cerca de 600 que están en un barracón y 2 mil 615 levantadas en locales cuyo fin no era habitacional.

En las elecciones presidenciales, congresuales y municipales de mayo próximo hay 4,106 puestos a ocupar. Para contar a los aspirantes hay que usar calculadora, pero ninguno –o por lo menos no conocido– ha mostrado una propuesta para el reordenamiento territorial con sentido y pragmatismo. Dicen que la campaña lo aguanta todo, pero eso pasa. ¿Y el Distrito? Bien, gracias.