En el recuerdo de todos está su cuerpo inmóvil y bocabajo en una playa de Turquía. Sus pantalones cortos azules y su camiseta roja. Su deseo de alcanzar Europa, sepultado en la arena tras el intento frustrado de llegar a Grecia en una precaria embarcación.

Recientemente, la imagen del pequeño niño sirio Omran, sentado y cubierto de polvo y sangre en una ambulancia, replicaron la de Aylan, pero, ¿sirvió de algo?

Según datos de Save The Children, 423  niños han muerto ahogados en el mar Mediterráneo en el último año cuando intentaban encontrar un lugar seguro huyendo de la violencia, la guerra y la persecución en sus países de origen.

El número de niños migrantes y refugiados que llegan a Europa ha ido creciendo en los últimos meses, llegando a constituir el  40 % de las personas que cruzan el Mediterráneo. Actualmente, el número de las llegadas a Grecia desde Turquía está en aumento, lo que provoca que cientos de niños estén obligados a vivir en campos hacinados, sufriendo escasez de agua y servicios básicos.

Padre de Aylan lamenta la pasividad del mundo frente a los refugiados muertos en el mar

El padre del pequeño Aylan Kurdi lamentó el miércoles, en el diario alemán Bild, que los muertos en el mar “continúan” pero que “nadie hace nada”.

“Después de la muerte de mi familia, los políticos dijeron: ‘¡Nunca más!’”, recuerda Abdulá Kurdi, que además de Aylan, de tre años, perdió a su mujer Rehab, de 35 años, y a su hijo mayor Galip, de cinco años, ahogados frente a las costas turcas cuando su embarcación se hundió.

“Todos querían hacer algo como fuera tras la foto que tanto les había conmocionado”, la del niño muerto tendido en el suelo en la playa de Bodrum, insiste este hombre de 41 años.

“¿Pero qué pasa ahora? Los muertos continúan y nadie hace nada”, añade Abdulá Kurdi, cuya familia está enterrada en Kobané, una ciudad siria cerca de la frontera turca.

No lamenta, sin embargo la mediatización de la foto de su hijo, porque considera que “una cosa así debe mostrarse para que la gente vea claramente lo que pasa (...). El horror en Siria tiene que terminar. Las tragedias del exilio también”, concluye.

Instalado ahora en Erbil, en el Kurdistán iraquí, el padre de Aylan y de Galip dice sentirse “más seguro” que antes pero “¿para hacer qué?”, se pregunta.

Impotencia

“Todos querían hacer algo como fuera, tras la foto que tanto les había conmocionado. ¿Pero qué pasa ahora? Los muertos continúan y nadie hace nada”. Abdulá Kurdi, padre de Aylan