La estrategia de Donald Trump, la de “hacer las cosas del modo más complicado posible para que nadie entienda qué hiciste” y apelando al discurso emotivo de los “perjudicados” por la política en los últimos 30 años, fracasó la noche en que se encontró en un debate nacional contra Hillary Clinton. La ex primera dama, ex secretaria de Estado y política con décadas de experiencia y abogada, supo manejar con humor las provocaciones de Trump y responder con firmeza cuando el momento lo ameritó. Se creció en Asuntos Internacionales, dejando a Trump como un ignorante.

El “nuevo Trump”, el mesurado, el que durante las últimas semanas había bajado la intensidad de su discurso contra todos los que no son como él, finalmente fue el mismo Trump de siempre. “Él es incapaz de cambiar ni de mejorar”, dice Mark Singer, periodista colaborador del The New Yorker y quien hace 20 años escribió un perfil sobre Trump llamado Trump and Me. Intentó meter a Hillary en el grupo de los “culpables” de la situación actual de Estados Unidos, que para los republicanos es desastrosa. No lo logró. Ella lo sacó del debate apenas empezó a hablar, cuando le dijo “Donald” en vez de “Mr. Trump”; según el código del Consejo Nacional de Debates, corresponde que los candidatos se nombren por su último cargo político o con deferencia. Y el lenguaje crea realidad.

Para los medios estadounidenses la candidata demócrata fue la clara ganadora en un debate en el que Trump cometió 51 imprecisiones chequeadas por la National Public Radio. Pero los republicanos no pierden la esperanza, mientras que Clinton, a pesar de su buen manejo, no pudo convencer a los “millennials”: su mensaje no se dirigió específicamente a ellos.

A pesar de esto, si bien todavía no hay cifras de encuestas que determinen el impacto del debate en los electores, sí se ha registrado una ligera alza en el apoyo a Hillary y un estancamiento en el de Trump. Según RealClear Politics, el apoyo de Clinton ha subido en 0.6 por ciento en los dos días siguientes al debate. Trump se mantiene en 44.3 por ciento, lo que le hace estar casi 3 puntos porcentuales detrás. La misma diferencia por la que otros presidentes han conseguido la victoria.

Los republicanos llaman a no perder la esperanza, apelando a la desconfianza que produce Clinton en el electorado, escéptico ante sus propuestas de campaña. ¿Por qué no se han implementado las medidas que promete, como la gratuidad en la educación, durante los 8 años de Obama? Ha sido el mismo Partido Republicano el que se ha encargado de bloquear las propuestas de Obama en el Congreso, responden los demócratas. ¿Por qúé apoyarla, si cuando fue secretaria de Estado gestionó horriblemente la salida de las tropas estadounidenses de Irak?, preguntan los rojos. La salida fue pactada durante el gobierno de Bush, responden los azules.

El próximo debate del 4 de octubre entre los vicepresidentes Mike Pence (R), gobernador de Indiana, y Tim Kaine, gobernador de Virginia, será importante porque demostrarán, además de sus propias capacidades para ejercer la presidencia en caso de ausencia o imposibilidad del presidente, la visión estratégica de los candidatos a la Sala Oval de la Casa Blanca.