En la fila del cambio de moneda conocí a José Miguel Herrera Pochet. Acababa de llegar a Cuba y se trataba de mi primer encuentro cercano con el fallecimiento de Fidel Castro.

“¿Tienes carro, taxi?”, me preguntó. Le respondí que no. “No hay música ni ron. Has llegado a Cuba en un momento de dolor”, afirmó, luego de decirme que era taxista y que podía llevarme a mi destino.


Partimos desde el aeropuerto internacional José Martí rumbo a La Habana Vieja en un Cadillac del 52, un “almendrón”, como se les conoce. Pochet, todavía un poco incrédulo, me relató cómo supo de la noticia.

“Fue una sensación de dolor. Me levanté cerca de las dos de la mañana (del sábado), fui al baño y ahí me entero de la noticia y no pude dormir más en toda la noche; mi mujer lloró muchísimo, mis hijos también se sintieron afectados. La familia entera se despertó a esa hora”, explicó.

Salíamos de la avenida Bolleros, a unos 25 kilómetros del destino final. “La Revolución seguirá”, rezaba un letrero gigante ubicado al extremo derecho del carril contrario de la carretera.  Varias consignas de ese tipo se repitieron en el tramo de unos 30 minutos, varias de ellas acompañas con fotos de Fidel y otros líderes de la Revolución. Han pasado 57 años desde el triunfo, pero el 1 de enero de 1959 se mantiene vigente en la memoria colectiva del cubano en tiempo presente.

“Yo nací en la Revolución”, apuntó Pochet, con orgullo, añadiendo que fue exactamente en el 62 el año en que nació. “De niño yo viví una infancia feliz”, aseguró.

“Fidel pa’ nosotros es un símbolo de una persona que logró en Cuba hacer grandes transformaciones, porque Cuba era un país con muchas diferencias sociales, mucha gente hambrienta en la calle, mucha miseria, mucha miseria y mucha desigualdad”, indicó.

“Una utopía como dicen algunos, un sueño como dicen otros, pero bueno, Fidel es el individuo con aquel coraje de desafiar todas aquellas situaciones, toda aquella fuerza que había y logra realmente un cambio significativo en Cuba”, dijo el hombre de 54 años.

Cruzamos la Ciudad Deportiva y entramos a la Vía Blanca, “la carretera que va hacia Varadero”. Pochet es casado y es padre de dos hijos que no son deportistas, pero que sí son músicos.

El menor tiene 18 años, el mayor tiene 20 y está inscrito en el Servicio Militar. También es miembro de la banda de músicos del Ministerio de Interior, cuerpo musical que le rendirá guardia a las cenizas de Fidel Castro, como parte de los actos en su honor, según explicó Pochet.

El lunes y martes las cenizas de Fidel estarán expuestas en la Plaza de la Revolución, antes de partir en un recorrido por distintas provincias rumbo a Santiago de Cuba, su destino final. En los actos, se espera la participación masiva del pueblo cubano.

“No hay manifestaciones en la calle como la gente plantea (en el exterior), hay personas que pueden alegrarse de la muerte de Fidel, pero la mayoría de las personas sienten el dolor, la gente no sale, no se escucha música. Cuba realmente está de luto, hay un luto tremendo”, aseguró el taxista, al tiempo que reflexionó sobre uno de los logros que en su perspectiva ha tenido la Revolución, liderada por Fidel Castro: “En el mundo hay muchos niños que duermen en la calle y en Cuba no hay ningún niño que duerma en la calle”.