El comandante de la Policía Nacional de Colombia, general Rodolfo Palomino, renunció este miércoles a su cargo en medio de una gran nube de escándalos en la institución, que han puesto en tela de juicio sus resultados en varios frentes de la Policía.

Durante varios meses, se conocieron una serie de denuncias sobre tres escándalos relacionados entre sí y que deslegitimaron a la institución a los ojos de la opinión pública.

Este martes, la Procuraduría, –organismo de control de los entes del Estado– había abierto una investigación contra Palomino para estudiar las denuncias, con una seria posibilidad de que el procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez lo suspendiera por los escándalos. En su reemplazo, el presidente Juan Manuel Santos nombró al general Jorge Nieto.

Los escándalos de Palomino

El primero de estos escándalos fue el de la llamada “Comunidad del Anillo”, una red de prostitución masculina en la que alféreces y suboficiales de la Fuerza eran ofrecidos a altos mandos y congresistas para sostener relaciones sexuales con ellos. Según las denuncias, Palomino conocía la existencia de la red y no hizo nada para detenerla.

También, según las denuncias, una red de oficiales de la Policía habría ofrecido a alféreces de las escuelas policiales de Bogotá a congresistas y otros personajes públicos. Los jóvenes eran presentados mediante el uso de pines con banderas en medio de recepciones o eventos oficiales.

A cambio de brindar servicios sexuales a los altos funcionarios, los jóvenes policías recibían sumas de dinero de hasta 3 millones de pesos (unos 850 dólares) y costosos obsequios. También recibían privilegios al momento de ascender, mientras que los denunciantes eran relegados a regiones apartadas o “zonas rojas”, con fuerte presencia de grupos armados o narcotraficantes.

Como prueba de este caso, la Procuraduría esgrimió un video, difundido por la emisora La FM, de RCN radio, supuestamente grabado en 2008 y en el que uno de los denunciantes, el capitán Ányelo Palacio, sostenía conversaciones de carácter sexual con el excongresista y hasta ayer viceministro, Carlos Ferro.

Dicha red de prostitución se habría desarrollado hace más de 10 años y, según una denuncia presentada en el programa de televisión Séptimo Día en 2014, una cadete llamada Lina Zapata fue asesinada cuando intentó divulgar la situación en 2006.

El segundo escándalo involucra a Palomino en la compra de varios lotes en condominios de los municipios de La Calera y Fusagasugá, municipios cercanos a Bogotá, a un precio inferior al del mercado. Los lotes fueron vendidos por el coronel Jair Castellanos, quien según las denuncias sería el líder de la red de prostitución ilegal dentro de la institución.

Se ha llegado a especular con la posibilidad de las ventas con precios inferiores a la realidad como un pago por el silencio de Palomino cuando era director de la Policía de Tránsito, entre 2009 y 2011.

El tercer escándalo denuncia seguimientos y “chuzadas” o interceptaciones ilegales a los periodistas que investigaron las denuncias anteriores, entre los que destacan la directora de La FM, Vicky Dávila, y la periodista de Caracol Radio Claudia Morales. La Policía habría usado vehículos oficiales de inteligencia para intervenir las comunicaciones de los reporteros.

Adiós al general

Con su renuncia, Palomino cerró este miércoles de manera abrupta 38 años de carrera en la Policía Nacional de Colombia, en los que se desempeñó en algunos de los frentes más difíciles de la Fuerza Pública y se convirtió en una cara ampliamente conocida por muchos gracias a su tupido bigote y su presencia en los medios.

Nacido en Bolívar (Santander), desde 1978 estuvo vinculado a la Fuerza Pública. Fue víctima de un retén de la guerrilla de las FARC en los Montes de María y de la caída de dos helicópteros en el departamento de Guaviare, donde comandó la Policía Antinarcóticos regional.

Luego de comandar las policías departamentales de Sucre y Caldas, fue agregado entre 2005 y 2006 en la Embajada de Colombia en México. En 2007 dirigió la Policía Metropolitana de Bogotá, donde se hizo conocido en múltiples operaciones contra la delincuencia en el centro de la ciudad.

Posteriormente, asumió las direcciones de la Policía de Carreteras y de Seguridad Ciudadana, y en agosto de 2013 fue nombrado director general de la Policía Nacional. Desde allí coordinó operaciones contra grupos delincuenciales como el Clan Úsuga y otras bandas criminales, el robo de celulares y las agresiones en el transporte público.

En su discurso de renuncia, Palomino aseguró que tiene “la certeza absoluta” sobre su inocencia, pero que se retiró de la institución sin rencores. “Doy mi paso al costado, me voy pleno de felicidad, no albergo rencor en mi corazón”, conluyó.