La huelga nacional convocada en Francia por los principales sindicatos y organizaciones estudiantiles para protestar por la dura reforma laboral que el gobierno socialista de François Hollande presentó el pasado 9 de marzo y que implica serias medidas, como la extensión de las 35 horas semanales de trabajo.

El llamado sacó a más de 1,2 millones de personas a las calles de las principales ciudades del país (poco más de 300 mil, según la Policía). Fueron 260 las manifestaciones convocadas, a las que se adhirió personal de los servicios ferroviarios y de transporte público.

“La movilización es muy fuerte al nivel nacional y en alza en comparación con las primeras marchas del 9 de marzo”, dice Florent Sardou, analista internacional francés. “Es la mayor protesta social que enfrenta el presidente socialista Hollande”, agrega.

“Estas marchas piden la supresión del proyecto de ley que reforma el código del trabajo. Según los sindicatos, esta ley vulnera los derechos de los trabajadores franceses ya que facilitaría los despidos y alargaría la duración legal del trabajo.

Por su parte, el gobierno socialista de Hollande dice que esta reforma permitirá luchar mejor contra la cesantía”, dice Sardou. Y enfatiza: “De hecho, este proyecto de ley se llama oficialmente “nuevas libertades y nuevas protecciones para las empresas y los activos”.

Los jóvenes también tienen sus motivos para apoyar las protestas. Temen que el proyecto facilite la creación de empleos precarios, en un país donde la tasa de desempleo de los menores de 25 años es de un 25 %, explica el analista.