Un bombardeo aéreo sobre un hospital en una zona opositora de Alepo mató a al menos 27 personas, entre ellas tres niños. También murió en el ataque, señalan varios medios, el último pediatra que operaba en los distritos orientales alzados de la segunda localidad siria.

El hospital de Al Quds, que recibía apoyo de personal de Médicos Sin Fronteras (MSF), disponía de una sala de pediatría, que recibió el impacto directo de los explosivos atribuidos a leales al presidente Bachar Asad por ser el único que dispone de aviones para bombardear. Otras fuentes elevan la cifra de víctimas mortales del ataque a 53, quince de ellas menores.

A pesar de que el 26 de febrero pasado se decretó un alto el fuego bajo auspicio de la ONU, EE.UU. y Rusia, en las últimas semanas las fuerzas fieles al Gobierno sirio han incrementado su presión sobre Alepo. Esta ofensiva, que ha sido respondida también por parte de las milicias enfrentadas al régimen de Damasco, ha incluido intensos ataques aéreos sobre zonas residenciales.

Según el Observatorio Sirio para los DD.HH., una entidad con base en Londres que informa a partir de una red de emisarios sobre el terreno, 84 civiles han muerto en bombardeos aéreos durante los últimos seis días, mientras que, en el mismo período, 49 civiles murieron en zonas controladas por Asad debido a bombardeos de brigadas alzadas.

Gobierno y oposición en el exilio se acusan mutuamente de no cumplir con los términos del acuerdo de cese de hostilidades. El Alto Comité de Negociaciones (HNC) se retiró de las negociaciones de Ginebra la semana pasada, denunciando que el ejecutivo de Asad sigue sin permitir la entrada de ayuda humanitaria a las zonas opositoras que asedia y que rechaza la salida de Asad del poder.