El Ministerio de Exteriores sudanés anunció ayer que rompe las relaciones diplomáticas con Irán “de forma inmediata” y “en solidaridad con el Reino de Arabia Saudí”, informó la agencia oficial de noticias Suna. Esto, después de que grupos de personas chiíes atacasen la embajada saudí en Teherán, capital de Irán, la noche del sábado.

Asimismo, pidió al embajador iraní en Jartum, capital de Sudán, que abandone el país, con todos los miembros de la misión diplomática.

La decisión de Sudán llega poco después de las medidas tomadas por varios países suníes del Golfo. Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos. Todos ellos citaron como principal motivo los ataques contra las legaciones diplomáticas saudíes este fin de semana en Irán, dentro de las protestas por la ejecución del clérigo chií Nimr Baqir al Nimr en Arabia Saudí.

Su muerte ha desatado una ola de críticas y condenas por parte de la comunidad chií de Oriente Medio, así como disturbios en los países con población chií, como Bahréin, y en la provincia saudí de Al Qatif, de donde era originario Al Nimr. En Líbano, el líder del movimiento chii Hezbolá, Hasán Nasralá, condenó el “terrorismo” y el “despotismo” de Arabia Saudí.

Esta ejecución “revela la verdadera cara de Arabia Saudita, la cara despótica, criminal y terrorista”, dijo Nasralá en un discurso retransmitido por la cadena de televisión del Hezbolá, Al Manar.

Los países árabes del Golfo pérsico han acusado reiteradamente a Irán de interferir en sus asuntos internos y de apoyar a la oposición chií que pide más derechos e igualdad y que suele ser reprimida por las autoridades suníes.

Los orígenes del conflicto entre chiíes y suníes se remontan a hace 1,500 años. La disputa central está relacionada con la sucesión del profeta Mahoma, cuyas posturas llevaron a la división entre chiíes y suníes.