La Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), el ente investigador de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que se instaló en el país centroamericano en 2007 como un plan piloto de apoyo a la justicia, ocho años despúes y bajo el mando del exjurista colombiano Iván Velásquez, logró con el apoyo de la fiscalía nacional lo que ninguna institución había conseguido en la era democrática del país: sentar en el banquillo de los acusados a un presidente y a su vicepresidenta mientras trascurre su mandato.

Luego de conocidas las pruebas que presentó la CICIG en el caso La Línea, que incrimina a los más altos funcionarios de ese país (Otto Pérez, presidente, y Roxana Baldetti, vicepresidenta) en una red de defraudación aduanera, Honduras y El Salvador solicitan una oficina similar, mientras que en México hay debates sobre la posibilidad de una entidad de la ONU para casos específicos, como la desaparición de 43 estudiantes en Guerrero.  


A continuación una conversación con el hombre que ha puesto en jaque a los más altos políticos de Guatemala y que se ha ganado el mote de Iván “el temible”.

¿La Línea es la investigación más importante en la que ha participado?

Es la de más repercusiones, pero no la más importante, cada investigación tiene sus circunstancias.

¿Qué sensación le provocó saber que el alcance de la estructura de La Línea fuera de las más altas autoridades, hablando del presidente y su mano derecha?

Sentí decepción. Creo que esto es más decepcionante que estimulante. Se ha hablado mucho en el país sobre la corrupción y su magnitud. Lo que no imaginaba era que desde la propia dirección del Estado se realizaran acciones de esa naturaleza.

Entonces, cuando la investigación encuentra responsabilidad de personas que habían recibido la confianza del pueblo para que orientaran el país, lo que produce es eso: decepción.

¿Hay un antes y un después de su llegada?
Es un accidente de la vida que haya llegado a la CICIG en una circunstancia específica, porque había un grupo de compañeros para hacer determinadas cosas y hubo posibilidad de hacerlas, que hubo fiscales que estaban ansiosos de actuar y con interés de hacer algo por el país y todo eso confluyó y se hizo bien, pero la CICIG no va a permanecer toda la vida en el país.

De manera que también tiene que haber conciencia de la transitoriedad y eso interpone la responsabilidad que tienen que tener los guatemaltecos acerca de su futuro, eso debe ser construido por ustedes, nosotros los extranjeros apoyamos, ayudamos y contribuimos, pero en nosotros no puede caer la responsabilidad de hacerlo.

A raíz de la experiencia nacional, varios países han solicitado una oficina similar a la CICIG, aunque en Honduras a ese requerimiento el Congreso le dijo que no. ¿Qué opinión le merece?


Supongo que hicieron una valoración adecuada, no conozco las discusiones que hubieran tenido. Lo que creo es que cada país debe buscar la manera de procurar cómo solucionar sus problemas de impunidad y falta de justicia.

¿Puede haber una CICIG regional con El Salvador y Honduras? ¿Una CICIG regional?

Podría ser, pero tendría ventajas y desventajas. La posibilidad de actuar en unidad y acción en fenómenos que son comunes por lo menos a estos tres países, pero está la dificultad de las acciones particulares en cada país de que tendrían que ponerse de acuerdo.

¿Cree que existe la factibilidad de que una especie de CICIG investigue casos específicos en algún país cuando no se confía en las autoridades, por ejemplo la desaparición de los 43 estudiantes en México?

Podría ser, lo que ocurre en México con los estudiantes es que hay una investigación independiente que se realiza por medio del grupo de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, puede ser una opción en temas específicos, una colaboración que se busque en organismos internacionales cuando se precisa de una investigación independiente.

En las redes sociales lo citan como Iván “el temible”. ¿Qué opina de ello?

Cuando hay situaciones de tanta impotencia y periodos en los que ya la sociedad, como se dice aquí, plantea “no hay nada que hacer” o “siempre ha existido el crimen y nos tenemos que someter”, y hay silencio, casi aceptación, y es como lo natural y lo normal. Y de pronto hay un avance, y alguien asume la responsabilidad de eso y, si la CICIG ha contribuido, significa que el que está al frente lo hace bien y produce resultados.

El comisionado tiene más detractores que simpatizantes.

Este tema no me mueve mucho, tengo una convicción, en cumplimiento de la justicia, en tratar de contribuir en la lucha contra la corrupción y tengo una responsabilidad que debo cumplir y, mientras la cumpla, permaneceré. Ahora muy pocas personas cuestionan a la CICIG por temas de soberanía. Creo que mayoritariamente son expresiones de respaldo.

Háblenos de su futuro. ¿Qué proyectos tiene al terminar su gestión?

Antes de dirigir la comisión estaba dedicado a mi oficina particular como abogado, tengo la aspiración de volver a litigar. Quiero volver a ser litigante en Colombia, tengo el interés de investigar algunos fenómenos sociales en mi país y de seguir actuando en ese sentido.

Lo hice varias veces de magistrado en Colombia y nunca me quisieron nombrar titular, fui auxiliar. Es la única aspiración que he expresado, en lo demás no. Uno en la cotidianidad va cumpliendo sus funciones de hombre en el mundo y las cosas se van presentando, como en 2012, cuando renuncié en la Corte Suprema de Justicia de mi país, que ni sospechaba que iba a saltar aquí.

¿Hay algo que lo pueda hacer renunciar?

Renunciaría si tuviera la convicción de que no es posible hacer más por dificultad, por obstáculos o mi incapacidad o mi impotencia. No estoy cumpliendo un empleo, no es por eso que estoy aquí. Lo estoy por mis convicciones de justicia.