Cambió sus horas de sueño, por convertir en realidad el sueño de seis mil familias: una vivienda digna.
José Miguel González Cuadra, el empresario, el administrador, es ahora el amigo de cientos de personas que año tras año eran sorprendidas por las crecidas de los ríos Ozama e Isabela.

Para Cuadra, presidente ejecutivo de Centro Cuesta Nacional (CCN) y también de Ágora Mall y de Megacentro, negarse a participar en este proyecto de bien social, La Nueva Barquita, sería “muy fuerte”. Pese a los comentarios adversos, decidió iniciar este camino que traía consigo una relación Estado-Empresariado.

“Mucha gente me dijo que si yo estaba loco, que eso era involucrarme en algo muy delicado, que eso iba a ser un lío y que siempre en esos proyectos había muchos conflictos, pero, desde esa visita que hicimos (el presidente Danilo Medina, el padre Gregorio Alegría y Cuadra) yo me dije: esto no es solo una obra para construir un apartamento; aquí hay que hacer una obra humana”, detalla.

Salir del confort de su hogar para vivir de cerca una realidad distinta no fue sinónimo de sacrificio, sostiene. Entre casas de zinc, niños descalzos y caminos enlodados, fue testigo de las sonrisas de quienes con poco viven felices. Estuvo en primera fila observando el coraje de un grupo de personas que quería empezar una vida nueva en un lugar nuevo.

“Ciertamente le dedicaba mucho tiempo a este proyecto pero nunca lo vi como un sacrificio. A mí me estimulaba bajar donde ellos. Era conversar, aprender de ellos, integrarme (…) Eso motiva tanto que uno no se siente ni abatido ni cansado. La parte más difícil es esta, la que estoy haciendo contigo, estar en los medios. A mí me gusta más estar haciendo, estar trabajando”, explica Cuadra.

¿Cómo empezó todo?

Hace 17 años el presidente Danilo Medina y el empresario iniciaron una relación de amistad. Según recuerda Cuadra, ambos tenían una preocupación en común: las personas en extrema pobreza.

Cuadra describe cómo inició esta relación. “En el año 1999 yo conocí al hoy presidente de La República (Danilo Medina). Él siempre ha tenido esa preocupación sobre cómo disminuir esa pobreza extrema que existe en nuestro país. Desde el primer día que lo conocí ese fue su tema y entonces coincidimos en algo que a los dos nos llamaba la atención. Llegó el día en que se volvió presidente y a las pocas semanas, por mi relación con los padres jesuitas (por estudiar en el colegio San Ignacio Loyola), me llamó”.  

Bajaron a La Barquita Medina, el sacerdote Gregorio Alegría y Cuadra. Vieron todo el panorama e iniciaron este proyecto, inaugurado el pasado 29 de junio, en el que se invirtieron RD$ 4,000 millones.

Anécdotas que tocaron la sensibilidad de Cuadra

En la memoria de Cuadra permanecen vivas una serie de anécdotas que, según dice, cambiaron su vida.
Una de ellas fue la de un señor de 58 años al que lograron sensibilizar con algo tan sencillo como un bizcocho de cumpleaños.

“A los pocos meses de nosotros empezar a trabajar, uno de los líderes cumplía 58 años. El equipo llevó un bizcocho para cantarle cumpleaños; fuimos todos y cuando lo sacamos para encenderle la vela, el hombre se puso a llorar y dijo que era la primera vez que le celebraban un cumpleaños (…) En la misma oficina uno se reúne y a cada rato buscamos un bizcocho, celebramos, soplamos, lo partimos y ya se acabó. Sin embargo, para esta gente la vida no es así”, subraya Cuadra, quien luego reflexiona diciendo que “todo eso lleva a uno a pensar diferente, a tomar decisiones diferentes, y a tratar de respetar siempre la dignidad de las personas”.
 
Un proyecto realizado en armonía

Al ser cuestionado sobre las principales dificultades al frente – junto a la arquitecta Patricia Cuevas- de un proyecto en el que se unieron tantas voluntades, Cuadra, director de la Comisión para la Readecuación de La Barquita, explica que fueron mínimas las situaciones complicadas.

“Mi mayor satisfacción es que hoy somos una familia. Tomamos las decisiones en conjunto, nos sentimos compactados y hemos creado una comunidad entre todos. Muchos de ellos han sido engañados, han sufrido mucho, entonces todo eso va generando una desconfianza. Siempre aparecerán algunos que no tengan ese grado de participación y emoción, pero la gran mayoría yo los veo con un deseo de echar hacia adelante. Gracias a Dios hemos trabajado en armonía, hemos construido algo que es fundamental: la credibilidad”, puntualiza.

El reto de administrar el dinero de todos los dominicanos para esta iniciativa

Ante los reiterados casos de administraciones de recursos públicos de manera “poco transparente”, Cuadra se acercaba a un gran reto. Manejar los fondos de un proyecto que involucraba el dinero de cada dominicano, a través del pago de sus impuestos.

“A veces la comunidad quería otro tipo de cosas; nosotros le decíamos ´ustedes son un pequeño grupo de los que necesitan que les ayudemos en la situación de pobreza en la que están. Si nosotros no cuidamos estos recursos con celo, hay gente que se puede quedar sin ese apartamento o quizá sin esa ayuda para mejorar su casa`. Teníamos que exprimir los recursos que teníamos; hacer las cosas correctamente pero exprimir el dinero y lograr que abarque lo más posible”.

Este proyecto social aún no termina

La Nueva Barquita, a juicio de Cuadra, es un bebé que apenas nació y que ahora hay que enseñar a caminar. Se refiere al objetivo principal: que las familias que allí residen sean capaces de autosostenerse y salir adelante a partir de las oportunidades recibidas.

“Ahora sigue acompañarlos. Ellos deben mantener activas las áreas deportivas; vamos a tener cursos, disciplina, una dinámica organizada. Vamos a construir un centro para adultos con dificultad mental pero también para aquellos envejecientes a los que hay que asistir. Se va a trabajar la parte religiosa de la comunidad con iglesias católicas y evangélicas (…) Trabajo hay y de sobra. Este es el punto de partida. Esto debe servir como una nueva forma de establecer asentamientos, de rescate a estas personas que viven con falta de dignidad”, expresa.

Una actividad conmovedora antes de realizar las mudanzas

Antes de realizar las mudanzas, las familias, desde los más adultos hasta los más pequeños, enlistaron aquellas cosas que querían, a partir de ese momento, dejar atrás.

A Cuadra le sorprendió de manera positiva que estas personas no en listaron cosas materiales sino hábitos negativos.

“Teníamos un recipiente con fuego y cada familia ponía ahí lo que querían dejar; era un acto de despojo. Cuando leíamos ese listado, no estaban dejando cosas materiales, era dejando lo malos hábitos. Los niños, por ejemplo, decían que querían dejar las malas palabras. Cuando lo leíamos no leímos a nadie que dijera voy a dejar mi mesa u otra cosa material”, rememora.

“Ellos querían dejar atrás las malas formas y empezar a vivir una vida más prudente, más alegre, más en convivencia”, cuenta el empresario amigo del Presidente que dejó las oficinas de su importante emporio para acompañar a las familias de La Barquita en su cambio de barrio, y de vida.

Inspiración

“Esto es un proyecto que se ha hecho en conjunto con la comunidad. Nunca hicimos nada sin darlos por enterados o compartirlo con ellos. Yo los siento a ellos con muchas ganas, y para mí no hay una motivación más grande que esa”. José Miguel González Cuadra, director de la Comisión para la Readecuación de La Barquita.

Total

1,782 Cantidad de apartamentos de 68 a 76 metros cuadrados construidos en el proyecto La Nueva Barquita, que favoreció a 1,400 familias; que representan unos 6,000 habitantes.