Entrevistado en São Bento do Sapucaí, Brasil, Sebastián Marroquín –nombre ficticio que adoptó el hijo del capo– celebra el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) al otorgar un amparo a cuatro mexicanos para siembra y consumo de marihuana con fines lúdicos, lo que para algunos especialistas abre la puerta a su legalización.

Asegura que su experiencia familiar le enseñó que la prohibición de las drogas garantiza el negocio.

¿Qué opinas de esta decisión recientemente aprobada en México?

Todo paso que dé a las personas la libertad para decidir lo que quieren consumir, contribuye a la paz.
Yo soy respetuoso de los procesos en México, pero celebro todas las acciones tendentes a declararle la paz a las drogas y entiendo que si cuatro personas tienen ese derecho, entonces todos los mexicanos lo tienen. Los derechos son para todos o no son para ninguno.

Algunos opinan que la legalización tendrá efectos negativos ¿Qué opinas?

Prohibir las drogas es claro que sólo ha propiciado la corrupción, la venta de armas y el tráfico de otras sustancias por el enorme poder económico que les genera.

La corrupción es garantía necesaria para el narcotráfico y utilizar las armas para someter a las personas que consumen sustancias sólo genera más violencia, y ahí está el resultado de Colombia, México y otros países latinoamericanos que padecen la misma problemática.

Tras la muerte de su padre y con 16 años de edad, tuvo que cambiar su identidad por la de Sebastián Marroquín para salvar su vida, pero asegura que nunca renunció a su parentesco ni al “amor incondicional” que tiene a su progenitor.

A esa corta edad decidió no seguir sus pasos. “No me dejé seducir por ese negocio; supe por la fuerza que lo mal habido no dura”.

¿Qué mensaje les das a los jóvenes?

Además de ser arquitecto, ahora me dedico a hacerlos conscientes de mi historia familiar, para que no la repitan. Hacerlos conscientes de que esas historias que les cuentan en las series de televisión no son ciertas y lo que único que han hecho es glamurizar esa actividad, pero la realidad es más cruel y dolorosa.

Viendo de cerca la violencia, de las tristes consecuencias que trae para la familia y el país una actividad como el narcotráfico, no se lo recomiendo a nadie.

La coca sigue siendo el sustento de miles de familias y es más rentable que otros cultivos, gracias a su prohibición. Eso convirtió a mi padre en millonario junto a otros muchos más, pero al final lo perdió todo. Pocos sobrevivieron.

Mientras más ricos éramos, más pobres nos sentíamos; teníamos coches, casas y dinero que no podíamos usar. Para mí es más rentable tener menos, pero vivir más y con más libertad.

Sebastián sabe que el trabajo con los jóvenes es fundamental en el combate a la venta y consumo ilegal de drogas, y la educación es una pieza clave. Recuerda que su padre quiso estudiar contaduría, pero no tuvo recursos para ello. ¿Cuánto habría cambiado la historia de Colombia?”, se pregunta.

¿Ser narco se ha vuelto una moda?

Creo que (las televisoras) han creado una moda. Descubrieron un negocio en vender violencia y una gran mentira y hay muchos que los siguen.

Me refiero a series como El patrón del mal y Narcos. En la primera nos presentan una policía colombiana de los años 80 similar a la guardia suiza. Yo hubiera querido tener una policía tan bonita como esa; la violencia no hubiera ocurrido como ocurrió.

Y Narcos es una versión rosa de la Drug Enforcement Administration (DEA), donde terminan olvidándose de un capítulo importante: la DEA le cobraba a mi padre impuestos por permitir el ingreso de cocaína a través del aeropuerto internacional de Miami.

¿Cómo puede tu vida ser una inspiración?

He tenido la oportunidad de aprender mucho de los valores humanos, de la ética, del comportamiento responsable de todos, como sociedad, de hacernos cargo, del sentido de corresponsabilidad; todos tenemos algo que ver aunque no lo queramos reconocer.

Uso ejemplos de mi vida personal y de familia para que otros se inspiren a no elegir el camino del narco y la violencia.

Sebastián Marroquín ahora vive de dar conferencias y de su carrera de arquitecto.

Desde hace 20 años vive en Argentina y asegura que cuando su pequeño hijo sea más grande le tocará leer el libro que él escribió llamado Pablo Escobar, mi padre y conocer la historia de su familia.

“Si él decide tomar el mismo camino que su abuelo, yo habré fracasado como padre”, expresa.