El debate entre los aspirantes a la vicepresidencia de EE.UU., más bronco de lo esperado y lleno de interrupciones, mostró al demócrata Tim Kaine continuamente al ataque, como suele hacer Donald Trump, y a su rival republicano, Mike Pence, más calmado, pero con apuros para defender a su jefe.

El primer y único debate televisado entre los compañeros de Trump, candidato republicano a la Casa Blanca, y Hillary Clinton, su rival demócrata, se celebró en la Universidad Longwood de Farmville, en la Virginia más rural.

El senador Kaine empezó fuerte, por momentos acelerado, con declaraciones potentes como que le “aterra” la perspectiva de pensar en Trump como el próximo comandante en jefe de EE.UU. que, no obstante, se vieron opacadas por las constantes interrupciones a su rival.

En el caso de Pence, gobernador de Indiana, estuvo mucho más calmado y se le vio cómodo con la estrategia de tildar de mentiras o simplemente no responder a los recordatorios de Kaine sobre comentarios xenófobos o discriminatorios hechos por Trump.

“No se puede ganar un debate si vas a mentir y no defender a tu compañero de fórmula”, subrayó a los periodistas al término del debate una de las portavoces de la campaña demócrata, Karen Finney.

¿Quién ganó el debate?

El consenso entre analistas y medios fue que la estrategia que mejor resultado dio fue la de Pence.
El cronista político Chris Cillizza, del diario The Washington Post, comentó que, “muy desde el principio, Pence fue el más cómodo de los dos hombres sobre el escenario del debate” y Kaine adoptó el papel de “atacante”, pero “no funcionó”.