En la cotorra de la Española la fauna dominicana encontró su mejor canto. Una especie endémica que gracias a los cazadores, a los comerciantes, a quienes las tienen en sus casas como mascota, y al Gobierno, cada vez se hace menos visible. 

Ya no forman parejas para toda la vida, ya no vuelan en bandadas surcando los cielos, ya no llegan a vivir los ochenta años que en su vida silvestre sí sería posible. Todo esto como resultado de su comercialización y la destrucción de su casa: los bosques. 

Cocó: la cotorra de Patricia
Con lágrimas en los ojos Patricia Báez cuenta como Cocó llegó a sus manos. Le estremce saber que tiene en su casa a una especie en extinción y que aunque quisiera soltarla no puede, pues el ave moriría al abrir sus alas en un ambiente que ya no le es familiar. 

Patricia ya tiene dos años con Cocó. Para ella es su mejor amigo. “Yo sé que Cocó es feliz en mi casa. Me conmueve el hecho de que yo sé que ese no es su hábitat pero tengo miedo de soltarlo. Para mi Cocó es un perro con alas”. 

“Yo voy para el campo y me lo llevo. Voy para la playa y me lo llevo. Es que yo sé que si lo suelto Cocó se me va a morir”, expresa Patricia refiriéndose a que Cocó ya es parte de su familia y que significa para ellos “una chulería increíble”. 

Cotorras libres
El Grupo Jaragua concluyó este domingo su campaña “Cotorras Libres”, con la que busca concienciar a la población sobre la necesidad de salvar a una especie endémica de la República Dominicana, la cotorra,  también conocida como la Amazona ventralis. 

“Nosotros lo que estamos haciendo es invitando a las personas que vengan a colaborar, ya sea comprando las fundas o algún sticker o pintando unas plumitas que solo cuestan de 50 pesos en adelante”, expresó Ivonne Arias, bióloga, directora ejecutiva del Grupo Jaragua. 

Con los fondos recaudados, esta Organización No Gubernamental planea crear nidos artificiales para la reproducción de las cotorras e invertir en la conservación de su hábitat, además de realizar más campañas para orientar sobre la problemática. 

“No me dé cotorra” 
El lema “No me dé cotorra” significa en esta campaña no solo que “no me venda, no me compres, ni me regales una cotorra” sino también, en un sentido más popular, que “no me vengas con cuentos”, explicó Arias. 

“La gente viene, destruye los árboles, sacan los pichoncitos y se los llevan así, incluso sin plumas”, dijo la especialista en biología, luego de describir “un acto gravísimo” el negocio que tienen los cazadores con esta especie. 

“Se hizo una comisión. En principio fue muy difícil que el Gobierno nos entendiera. Lo que hacían algunos era que se enojaban. Entendían que estábamos jugando con sus puestos o que estábamos mintiendo, dijo Arias al cuestionársele sobre las acciones del Gobierno en este sentido.

A quienes ya tienen cotorras en sus casas, el Grupo Jaragua no les sugiere que las libere porque “si tú la sueltas, ya ella no va a sumarse a una bandada, no va a tener familia ni sabrá cómo buscar sus alimentos, porque eso lo debió aprender en la vida silvestre”. 

Arias destaca dos principales inconvenientes: el tráfico de mascotas y la pérdida de su hábitat. “Las cotorras son muy cotizadas en el mercado porque son especies muy inteligentes y repiten lo que las personas les dicen. Se lo memorizan. Pero, están presas. Son sacadas del bosque y se les quita la libertad de poder reproducirse”, subrayó. 

Cotorra contra Perico
El atractivo de esta ave y su cotización ha hecho que muchas personas reciban pericos, cuando están pagando por cotorras.  Las cotorras y el perico se diferencian en sus plumajes; en el segundo las plumas son más suaves que en el primero.  La cotorra tiene frente blanca y el perico no. 

El perico tiene plumas rojas en sus alas mientras la cotorra tiene plumas azules. El rojo de la cotorra se percibe en su cola que tiende a ser cuadrada a diferencia del perico que la tiene larga y puntiaguda. 

Almácigos, palo de cotorra, palma manacla y copey son algunos de los alimentos que consumen las cotorras. Los pericos prefieren las semillas y las frutas como las manzanas y demás cítricos.
Estas dos especies endémicas emiten sonidos diferentes.

El perico parece estar más en forma que la cotorra.  Mientras el primero se ve delgado el segundo se ve “rellenito”. Ambas especies coinciden en que ponen de dos a tres huevos con un periodo de incubación de 25 días.