Cuando el delantero Bruno Rangel llegó al Chapecoense en 2013 se encontró con un club recién ascendido a la segunda división brasileña, sin campo de entrenamiento ni gimnasio. Pocos retenían el nombre de este equipo olvidado. Ahora todo el continente lo conoce, es el finalista de la Copa Sudamericana 2016 y que protagonizó una terrible catástrofe con la muerte de casi todo su plantel en un accidente aéreo.

El arquero Danilo, que realizó una tapada increíble en el último minuto contra San Lorenzo para meterse a la final, fue el héroe de esa jornada en Chapecó, de un equipo humilde que dio la nota al sorprender a todo el continente.

Sin embargo, una semana después, todo se derrumbó y se convirtió en una tragedia que pasó a la historia del fútbol mundial.

Equipo modesto

Debilitado por los años de lucha en las duras divisiones inferiores del fútbol brasileño, el “Verdao del oeste” estuvo a punto de desaparecer hace una década. Al borde de la bancarrota, la existencia del club de Chapecó, en el lejano interior de la sureña Santa Catarina, parecía inviable. Aunque la historia reciente de este club con 43 años de vida es también la de la lucha contra las probabilidades.

Chapecoense vio la luz en 2009, cuando consiguió clasificarse para la cuarta división y ahí comenzó un despegue que, siete años después, le ha convertido en la revelación sudamericana y, además, con las cuentas saneadas.

“El club cambió mucho desde mi llegada. El bus era muy viejito y ahora es bueno (...). Muchos jugadores no tenían los medios para ir a entrenar en coche. Iban en autobús a los entrenamientos. Ahora somos más respetados y conocidos”, contaba Rangel, máximo goleador de la historia del ‘Verdao’, al diario Lance.

El despegue

Desde su vuelta a la élite del Brasileirao en 2014, el equipo se instaló en la zona media-baja de la tabla, poco propicia a las pasiones. Al menos, no las suficientes para atraer al público de esta ciudad de unos 200,000 habitantes que apenas prestaba atención a su equipo.

Ni siquiera lo logró esta temporada, donde el Chapecoense acumula una media de poco más de 7,000 espectadores para los partidos de la Primera División, según el sitio Globoesporte.

Hasta que se cruzó en su camino la Copa Sudamericana. Por la compleja fórmula que utiliza la Confederación Brasileña para elegir a los equipos que disputarán la competición, el “Huracán del oeste” debutó en 2015 y de inmediato despegó.

En el primer torneo internacional de su historia, el Chapecoense logró vencer al todopoderoso River Plate, aunque perdió en cuartos de final. No importó, había nacido una estrella.

Finalista de Sudamérica

Pero este año, en la resaca de la euforia, las cosas no empezaron bien. El técnico del milagro, Guto Ferreira, cambió de equipo y a mitad de temporada llegó Caio Junior. De nuevo en la Sudamericana, el “Verdao” perdió en el primer partido contra su propia réplica, el todavía más modesto Cuiabá.

Chapecoense respondió después en la vuelta y comenzó un cuento de hadas que lo llevó a la final ante el campeón de la Copa Libertadores, Atlético Nacional.

De la mano de Danilo, un arquero de 31 años curtido en el fútbol humilde; si frente Independiente detuvo cuatro penales para pasar a cuartos, ante San Lorenzo su pie milagroso valió una final.

Chapecoense, que se despidió con una fiesta histórica del Arena Condá, vivió una hazaña única e incomparable para su historia

La tragedia

Todo iba de perillas, hasta que la noche del 28 de noviembre el plantel se trasladó a Medellín para jugar la final de ida contra Atlético Nacional.

La aeronave, tipo Bae Avro RJ85, se precipitó a tierra hacia las 22.15 del lunes (hora local) cerca del municipio de La Unión, en el departamento de Antioquia, en medio de condiciones climáticas adversas, según informó Aeronáutica Civil de Colombia.

El avión sufrió problemas y finalmente, un grave accidente que le costó la vida a casi todo el equipo. Murieron 76 personas. Un destino terrible y fatal.