Hasta hace tres años, “Leydi” era una adolescente alegre, poseedora de un gran deseo de llegar a la universidad y graduarse como doctora en medicina. Pero fue justo en ese momento cuando “la vida le jugó una mala jugada” y perdió su pierna izquierda en un accidente de tránsito.

Para Leydi, como para su familia, este hecho marcó su vida para siempre. Desde el suceso, utiliza una prótesis que le fue donada por el gobierno, ya que no contaba con el dinero para comprarla. Fue a raíz de ese accidente que pasó a formar parte del 10% de la población dominicana con discapacidad y de los y las estudiantes dominicanos y dominicanas que asisten a distintas escuelas del sector público en República Dominicana.

“Cuando Leydi sufrió el accidente estaba en primero de bachillerato y de inmediato en la escuela tomamos las medidas para ayudarla durante su proceso de adaptación”, afirma Silvia Cordero, directora del Liceo Matutino Las Américas, ubicado en Manoguayabo.

Cordero explica que las aulas donde se impartía primero de bachillerato quedaban en el segundo nivel del edificio, y una vez Leydi se reintegró a la escuela, modificaron la distribución de los cursos y colocaron ese grado en el primer nivel para que no tuviera dificultad para acceder al aula.

Agrega que la dirección del plantel dispuso que un psicólogo escolar le diera el seguimiento y apoyo que Leydi necesitaba para ser orientada sobre su nueva situación.

“A los niños, niñas y adolescentes con discapacidad que asisten a la escuela se les debe ofrecer el mismo trato que a los demás para que no se sientan distintos y distintas”, señala la maestra, quien destacó que actualmente en el centro educativo hay dos estudiantes con discapacidad física.

Además de Leydi, en el liceo está inscrito “Hamlet” que nació con una sola pierna, quien al igual que su compañera cursa el cuarto de bachillerato y practica Bádminton. Este deporte les ha regalado varias medallas por estar entre los mejores atletas de esta disciplina en República Dominicana.

Cada uno con solo una pierna, obtuvieron el segundo lugar en los Sextos Juegos Deportivos Escolares, celebrados el año pasado en La Romana, donde ganaron las dos modalidades de juego: solos y en pareja.

Leydi pierde su prótesis

Sin embargo, este año Leydi no pudo asistir, aunque es una de las mejores atletas. Su prótesis está rota y no posee el dinero para comprar otra, situación que no solo le impidió participar en la competencia donde tenía todas las posibilidades de ganar otra vez, sino que podría también alejarla de las aulas.

“Un niño o niña con discapacidad debería ser monitoreado por alguna institución que verifique su desarrollo integral”, reclama Cordero, antes de manifestar que no es justo que Leydi se haya quedado fuera de los VII Juegos Deportivos Escolares, por no poseer una prótesis en buen estado.

Puntualiza que si el gobierno asumiera el compromiso  de asistir de forma integral a niños, niñas y adolescentes con discapacidad que asisten a las escuelas del sistema educativo regular, problemas como la falta de una prótesis para Leydi estarían resueltos. Y tras este reclamo, Cordero saluda la iniciativa del Ministerio de Educación, entidad que hace esfuerzos para que ese compromiso sea honrado.

A pesar de las necesidades económicas de esta joven, quien tiene que prestar servicios en una banca deportiva de 5:00 de la tarde a 9:00 de la noche todos los días para ayudar a sus padres, ella solo espera libros para poder terminar sus estudios secundarios e ingresar a la universidad y convertirse en doctora en medicina.

“Es una estudiante promedio pero es muy buena en Bádminton”, dice Cordero al referirse a Leydi, de quien revela necesita ayuda por su precaria condición económica y sus deseos de estudiar.

Reitera que en la escuela se le ha brindado todo el apoyo posible, pero reconoce que no es suficiente para lograr la tan anhelada inclusión en las escuelas del sistema educativo regular de los y las estudiantes con discapacidad, quienes muchas veces además de tener limitaciones físicas o intelectuales, viven en condiciones económicas precarias.

Asistencia psicológica

“Luego de que Leydi fue sometida a evaluaciones psicológicas y verificar que está bien emocionalmente, la dejamos que se desarrolle normalmente. El aula en la que cursa el cuarto grado está en el segundo nivel al cual accede de manera fácil gracias a su prótesis”, indica.

Cordero destaca que esta estudiante, luego de perder la pierna, mejoró su conducta gracias al apoyo psicológico de los profesionales del centro educativo, del que Leydi tiene la mejor impresión.

“Nunca me he sentido discriminada. A veces me da vergüenza pero me han apoyado mucho”, dice.

Expresa que sus maestros han sido parte importante de su desarrollo y destaca al profesor Orlando Santana, quien la motivó a practicar Bádminton, a pesar de tener una sola pierna.

Leydi es un ejemplo de que a pesar de las limitaciones físicas, emocionales y sociales que los y las estudiantes con discapacidad del país puedan tener, ser partícipes de una escuela inclusiva, como en su caso, les permite mantener la alegría y metas a cumplir.

En su caso, es poseedora de un gran deseo de llegar a la universidad y graduarse como doctora en medicina, título que podrá alcanzar gracias a que formó parte del proceso de inserción de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad en las escuelas regulares del país, incorporación que a la larga generará resultados positivos y la posibilidad de que República Dominicana siga recorriendo el camino de la inclusión, la equidad y el respeto a la diversidad.