Sin la memoria seríamos incapaces de percibir, pensar o aprender; es la encargada de evocar la información que almacenamos a través de experiencias del organismo.

No se localiza en un lugar específico del cerebro, lo que hay es un cúmulo de partes que se involucran en el procesamiento de información para producirla. Las cortezas cerebrales son las áreas que más implicadas están en la formación de la memoria; el sistema límbico a través del hipocampo, el cual es muy importante porque guarda las memorias espaciales, es decir, lugares; y la amígdala, encargada de conservar recuerdos, participan en la conformación de la memoria, sobre todo de las emociones, explica el doctor Federico Bermúdez Rattoni, del Departamento de Neurociencia Cognitiva del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.

“No se puede hablar de un centro de la memoria, pero sí de que hay centros o áreas distribuidas en el cerebro que intervienen. Mediante el aprendizaje se incorpora información de nuestro ambiente y gracias a la memoria se recuperan esos datos almacenados para emplearlos”.

Existe la memoria implícita y la explícita; la primera consiste en comprender hábitos y desarrollar destrezas perceptivas y motoras, es decir, aquellas que una vez que se adquieren y repiten las hacemos casi en automático, como manejar o andar en bicicleta. La explícita es declarativa; con ella podemos explicar qué hicimos o dónde fuimos. Por ejemplo: hay memoria declarativa contextual del lugar donde uno se encuentra o memorias declarativas enciclopédicas, las cuales consisten en memorizar; también existe la memoria de cognición con la cual formamos mapas espaciales que nos permiten saber nuestra ubicación.

Esta capacidad se va deteriorando debido a que con el paso de los años las células se vuelven menos versátiles, menos activas, y se traduce en una disminución gradual de la memoria. Existen enfermedades como el Alzheimer donde el deterioro es muy rápido por la acumulación de un péptido (beta-amiloide) que impide la comunicación de las neuronas de forma normal, agrega el investigador Federico Bermúdez.

Sistemas de memoria:

Memoria sensorial

Guarda todo aquello que proviene del ambiente externo, registra sensaciones y características físicas. Ocurre automática y espontáneamente y su control está fuera de la conciencia.

Memoria a corto plazo

Sólo guarda información momentánea; es decir, lo que necesitamos inmediatamente, como un número telefónico o el nombre de alguna persona. La vida útil de estos recuerdos es corta.

Memoria a largo plazo

Conserva nuestros conocimientos del mundo para poder emplearlos posteriormente, almacena nuestros recuerdos de la infancia y los significados de las cosas; gracias a ella somos quienes somos.

Una mente almacenadora

La memoria es la capacidad mental a la que más recurrimos y que mayor esfuerzo exige.

• Son los métodos básicos de la memoria. El aprendizaje, la recepción de información, cómo esta se transforma en códigos dentro del cerebro y cómo se consolida, mantiene, evoca y modifica.

• El proceso de consolidación es la diferencia entre una memoria de corto y largo plazo. Por ejemplo: hay memorias que adquirimos, pero no las necesitamos por un largo periodo.

• El Alzheimer es un padecimiento relacionado con la memoria. Es una enfermedad gradual y degenerativa del cerebro, la cual ocasiona un deterioro de la memoria, del pensamiento y de la conducta.

• Hay varios elementos que pueden fortalecer la memoria. Uno de ellos es realizar ejercicio constantemente y otro es mantener activo el cerebro leyendo o resolviendo juegos de lógica.