Esta no es la primera campaña presidencial a la cual Donald Trump se postula, pero sí es la más seria y en la que ha llegado más lejos.

Viene haciéndolo desde 1988, cuando aseguró que competiría por las primarias del Partido Republicano. Lo volvió a hacer en el 2000 y en 2004, y en todas las ocasiones anteriores terminó bajándose, asegurando que si compitiera formalmente, estaba seguro de que ganaría.

Quizás Trump nunca se lo tomó tan en serio. Quizás era cierto, como dijo en algunas entrevistas en esos años, que estaba interesado mucho más en sus negocios. Pero todo esto habría cambiado una noche de mayo de 2011.

Ese año, Trump había hecho una serie de declaraciones en donde ponía en duda el lugar de nacimiento del presidente Barack Obama. Según Trump, Obama no había nacido en Hawaii, sino en África, por lo que Estados Unidos tendría un presidente extranjero. El estado de Hawaii publicó, esa misma semana, el parte completo de nacimiento de Obama, despejando las dudas.

La cena anual de corresponsales de la Casa Blanca es una tradición. En ella, el presidente del país invita a todos los medios de comunicación que cubren la Casa Blanca a una cena de gala. El discurso de los presidentes suele ser distendido y aprovecha para bromear con los corresponsales.

En el 2011, Donald Trump fue invitado, y se sentó en la mesa de los periodistas del Washington Post.
Ahí estaba, muy instalado, cuando llegó el momento en que Obama dio su discurso.

“¡Qué semana!”, empezó el presidente. “Como habrán oído, el estado de Hawaii reveló mi ficha de nacimiento completa. Afortunadamente, se han despejado todas las dudas (sobre el lugar de nacimiento)”, dijo Obama. Y espetó a Trump: “Ahora, al fin, puede volver a temas de mayor trascendencia.

Por ejemplo: ¿Falseamos la llegada del hombre a la Luna? ¿Qué ocurrió realmente en Roswell? ¿Dónde están Biggie y Tupac?” Mientras el salón se reía a carcajadas, Donald Trump se hundía en su asiento.