Fue el 20 de diciembre de 1962 cuando con el 59 % de los votos emitidos, el profesor Juan Bosch ganó las elecciones generales que le habilitaron como presidente constitucional de República Dominicana.

De acuerdo con el historiador Juan Francisco Martínez Almánzar, una vez instalado en el poder Bosch propuso una efectiva reforma agraria, viviendas, así como trabajo y educación de calidad para el pueblo dominicano.

Al asumir la Presidencia, lo primero que hizo fue una declaración jurada de bienes, hecho sin precedente en la historia del país, sobre todo por lo reducidas de sus riquezas.
Entre las primeras ejecutorias de este primer gobierno constitucional, tras el ajusticiamiento de Rafael

Leónidas Trujillo Molina, figura la propuesta de reforma a la Constitución dominicana, aprobada unos meses después de iniciada su gestión.

“La Constitución de 1963 fue vista como negadora del sistema democrático. Se consagró el derecho de los obreros a los beneficios de la empresa, así como garantías de trabajo”, explica Martínez Almánzar en su obra Manual de Historia Crítica Dominicana.

A pesar del avance de esta Constitución, para la época, la oligarquía dominicana no estaba preparada para el conjunto de reformas que proponía la Carta Magna, sobre todo porque muchas de sus disposiciones chocaban con sus intereses, por años protegidos.

Por estas y muchas otras razones, solo siete meses después de instalado en el gobierno, Bosch fue derrocado por los sectores dominantes y en su lugar comenzó a dirigir el país un triunvirato compuesto por Emilio de los Santos, Ramón Tapia Espinal y Manuel Tavárez Espaillat.

Martínez Almánzar narra que las contradicciones entre los miembros del Triunvirato se pusieron de manifiesto de inmediato al conocerse la renuncia del doctor De los Santos, en diciembre de ese mismo año. Tras su renuncia fue sustituido por Donald Reid Cabral.

Ya para 1964, en el país se habían escenificado varias huelgas y el descontento de la población no se hizo esperar, debido a la situación económica de ese momento, puesta de relieve con la publicación de un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que señalaba que había disminuido la exportación de productos nacionales, mientras que las importaciones seguían en aumento, afirma Martínez Almánzar.

Hubo otras causas
Empero, no fue la situación económica la única causa del descontento de la población y de los sectores productivos, sino que para disminuir las presiones sociales, Reid Cabral tomó una serie de medidas que provocaron que la crisis política se agudizara.

Es en ese escenario que el teniente Rafael Tomás Fernández Domínguez –“El soldado del pueblo”– encabeza a los conspiradores que además de derrocar al Triunvirato buscaban el retorno a la Constitución de 1963, y con ello el regreso al poder de Bosch.

“El jefe de Estado Mayor del Ejército Nacional, Marcos Rivera Cuesta, se dirigió el 24 de abril al campamento 27 de Febrero, donde dispuso el arresto de varios oficiales involucrados en la trama. La acción provocó que el capitán Mario Peña Taveras, quien también era de los conspiradores, procediera a detener a Rivera Cuesta y liberara a sus compañeros”, resalta Martínez Almánzar, quien señala que ese hecho provocó que la revuelta pautada para el 26, fuera adelantada para el 24 de abril.

“Otra versión”
Sin embargo, esa no es la descripción de los hechos que hace Modesto Calderón, de 70 años de edad, quien durante los días de combate en el puente Juan Pablo Duarte estuvo en el grupo de jóvenes encargados de buscar comida para los militares constitucionalistas.

Modesto cuenta que para la fecha de la revuelta trabajaba como obrero en la construcción del Club de los Veteranos Civiles. Dice que el viernes 23 de abril el encargado de la obra, conocido como el maestro Ubrí, les informó a los trabajadores que en vez de sábado les pagaría su salario ese día, debido a que a las 11:00 de la mañana asaltarían el Palacio Nacional y darían un golpe de estado al Triunvirato.

“Yo cobré el viernes pero no quise participar porque no sabía contra quién iba a pelear”, señala completamente convencido de que hizo lo correcto.

Manifiesta que se preguntó una y otra vez si tendrían que pelear contra el pueblo, debido a que quienes encabezaban la lucha eran militares.

Agrega que al darse cuenta de que los militares estaban defendiendo a la población se integró a un grupo de jóvenes que se encargó de buscar alimentos para suministrarlos a los constitucionalistas, ya que desde el sábado 24 hasta final del mes de abril había escasez de productos alimenticios en algunos sectores, como Los Mina, donde residía.

Dos grupos en pugna

Ese mismo día era identificable que existían dos grupos: uno compuesto por los militares de San Isidro, encabezados por Elías Wessin, y otro compuesto por militares sublevados y población civil. Este último se ubicó en Ciudad Nueva, cerca del puente Juan Pablo Duarte, donde se dio uno de los enfrentamientos más fuertes.

Pasado el mediodía, se esparcía la noticia de que se había producido un golpe de Estado. Fue en ese momento que José Francisco Peña Gómez, locutor de Radio Comercial, invitó a los pobladores a respaldar la lucha. En respuesta, en pocas horas, el puente Duarte se encontraba lleno de personas que se unieron al reclamo constitucionalista.

De su lado, Reid Cabral presentó su renuncia al cargo y en su lugar fue nombrado José Rafael Molina Ureña. No obstante, varios días después, éste y varios compañeros pidieron asilo en la embajada de Colombia y otras sedes diplomáticas.

Mientras tanto, hombres como Francisco Alberto Caamaño Deñó se pusieron del lado del pueblo que se mantenía “en las calles” de Santo Domingo y muy especialmente en el puente Duarte, estructura que fue testigo de varios bombardeos y escenario al que cientos dee personas acudieran a exigir el retorno a la Constitución de 1963, suprimida por el Triunvirato.

A 24 horas de la revuelta Modesto recuerda que uno de los enfrentamientos más feroces entre constitucionalistas y los militares de San Isidro se produjo la tarde del domingo 25 de abril.

“Viviendo yo en Los Mina pasaban los aviones P-51  por encima de las casas; con ellos rompieron dos cables del puente”, indica Modesto para explicar un episodio de la historia dominicana que para el historiador Piero Gleijeses fue el hecho que “descargó el primer golpe sobre la confianza” de muchos de los constitucionalistas”.
 

Gleijeses dice que enfrentados al desafío de San Isidro, cada hombre (refiriéndose a los constitucionalistas) tenía que asumir al máximo su responsabilidad, comprometer su vida y su futuro.

“Las primeras ráfagas de ametralladora de los aviones, la tarde del 25 encendieron muchos temores, confirmados al amanecer del siguiente día cuando las incursiones aéreas se reanudaron y expandieron”, señala.

Sin embargo, la lucha no fue solo en las calles. Ambos bandos iniciaron una pugna mediática que dio como resultado que los constitucionalistas (por estar alojados en la ciudad) tomaran el control de Radio

Santo Domingo TV, mientras que el día 26 los militares de San Isidro habilitaron la emisora identificada como Radio Fuerza Asrmadas.

Desde esas tribunas hacían llamados a la población a respaldar su lucha y brindaban orientaciones de qué debían hacer.

Según detalla Gleijeses, ambas estaciones desataron campañas que buscaban promover la causa y descalificar al oponente.

“Para las Fuerzas Armadas la rebelión era comunista”, sostiene Modesto para concidir con Gleijeses, al referirse al hecho. Y es que sin ser historiador, Calderón tiene claro por qué y para qué sucedió la Guerra de Abril.

En su relato, destaca que Caamaño siempre se mantuvo rodeado del pueblo. También que durante la Guerra uno de los comandos más fuertes fue el llamado “Las Rolas”, compuesto por mujeres, entre las cuales se destacó Yolanda Guzmán, a quien llamaron “La comandanta”.

No encontraron apoyo A pesar del gran coraje del pueblo dominicano y de los constitucionalistas, la frecuencia de los ataques dirigidos por Wessin debilitó mucho a los comandos.

“El martes 27 de abril los barcos de la Marina de Guerra tomaron partido en la contienda a favor del grupo de San Isidro”, afirma Martínez Almánzar.

Asegura que en vista de las circunstancias, los dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) –entidad política funda por Bosch– trataron de lograr que funcionarios estadounidenses mediaran en el conflicto, pero sus esfuerzos no tuvieron resultados y el día 28 República Dominicana fue intervenida militarmente por Estados Unidos.

Con el desembarco de los agentes estadounidenses la Guerra tomó otro matiz y muchos miembros del comando constitucionalista desertaron.

“Wessin se desesperó y llamó a los americanos. Les dijo: entren que me agarraron los comunistas”, declara Modesto, antes de decir que con la llegada de los marines estadounidenses el conflicto disminuyó y ambos grupos trataron de ser parte de un proceso de negociación que, de acuerdo con Martínez Almánzar, comenzó con una tregua concertada el 30 de abril de 1965 que favoreció a los dos bandos criollos en pugna.

Al preguntarle si la Guerra de Abril valió la pena o no, Modesto no duda en responder. Para él este hecho permitió al pueblo dominicano valorar su nación y el costo de la democracia.

“Antes de la Guerra de Abril aquí no había democracia”, manifiesta Calderón, quien todavía cree que República Dominicana puede ver en los héroes de abril la inspiración para lograr grandes transformaciones sociales.