El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el líder rebelde marxista Timoleón Jiménez, conocido como “Timochenko”, firmaron un histórico acuerdo de paz el lunes 26 de septiembre para poner fin a la guerra de 52 años que ha cobrado la vida de un cuarto de millón de personas. Después de cuatro años de negociaciones, la organización de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) será relanzada como un partido político.

El acuerdo aún debe ser ratificado por un plebiscito el 2 de octubre, pero, según los informes debería pasar fácilmente. Las FARC eran grandes jugadoras en el negocio de la cocaína y en su momento de gloria sumaron 20 mil combatientes. Ahora estarían obligados a entregar sus armas a las Naciones Unidas dentro de 180 días. Kristian Herbolzheimer, director de los programas de Filipinas y Colombia en Conciliation Resources en el Reino Unido, una organización independiente que trabaja con personas en conflicto para prevenir la violencia y construir la paz, explica el impacto social, político y económico del acuerdo de paz.

¿Cómo se llegó al acuerdo de paz?

El acuerdo para la terminación de conflictos y una paz justa y duradera es el resultado de cuatro años de arduas negociaciones entre el Gobierno de Colombia y las FARC. El programa de negociaciones tuvo seis puntos: dos de ellos frente a las causas fundamentales de los conflictos armados (acceso a tierra y garantías para la participación política; uno de ellos aborda el financiamiento principal del conflicto (drogas); uno de ellos las consecuencias de la violencia (los derechos de las víctimas a la verdad, justicia y reparación), y los otros dos artículos son de procedimiento: confiscación de armas y mecanismos de verificación para la aplicación del acuerdo.

Las negociaciones tuvieron lugar en La Habana y fueron conducidas por los propios colombianos, con un leve, pero fundamental apoyo de Cuba y Noruega (que actuaron como “facilitadores” de las conversaciones), mientras que Chile y Venezuela tuvieron un papel de “garantes”.

¿Por qué es histórico?

El acuerdo pone fin a uno de los conflictos armados más duraderos del mundo. La mayoría de la gente en Colombia nunca ha experimentado la paz. Esa es también una de las razones por las que muchos en Colombia permanecen escépticos: no creen en el cambio hasta verlo. Asimismo, el acuerdo es histórico para el resto del mundo.

Es el acuerdo de paz más importante desde el que puso fin a la guerra en Nepal en el año 2007. En un momento de aumento de violencia y de crisis humanitaria en otras partes del mundo, Colombia se convierte en una referencia de la esperanza, un ejemplo de que sin importar la complejidad del problema, hay una solución pacífica para los conflictos armados, siempre y cuando exista la voluntad política.

¿Qué cambiará en Colombia?

Se ha puesto fin a la violencia directa. En primer lugar, durante meses nadie ha muerto, resultado herido, secuestrado o violado. En segundo lugar, los partidos políticos tendrán que adaptarse a un sistema más inclusivo con una mayor participación de los movimientos sociales y los nuevos partidos políticos, incluidos los exguerrilleros. El acuerdo no es el fin del proceso de paz, pero es un hito fundamental y tiene el poder simbólico de demostrar que el cambio es posible.

El poder de la esperanza: los colombianos no están condenados a vivir en la violencia eternamente. Esta toma de conciencia va a desatar iniciativas sociales, políticas y económicas inesperadas e imprevisibles que buscarán asegurar una sociedad más inclusiva y un futuro mejor para todos en Colombia.

¿Hay posibles dificultades para completar el trato?

Los principales desafíos serán que las personas asuman la responsabilidad de contribuir al cambio que el país requiere.

En primer lugar, apoyar el acuerdo en el plebiscito del 2 de octubre; aceptar la reintegración de los combatientes y su participación en la política; y en general, unirse a los esfuerzos para la construcción de una sociedad y un país más inclusivo. Otros desafíos incluyen que el gobierno y las FARC manejen las expectativas para un cambio rápido y estén a la altura de sus compromisos. No es solo una cuestión de voluntad política, sino también de la capacidad institucional.

¿Cuál es el legado del conflicto de Colombia con las FARC?

Es un legado terrible de violencia, desperdicio de oportunidades para el desarrollo social y económico para los colombianos, y una cultura profundamente problemática de desconfianza y polarización en la sociedad.

¿Veremos una Colombia renovada?

Ningún acuerdo de paz en el mundo ha sido aplicado plenamente. Sin embargo, habrá avances muy positivos en el futuro. En unos seis meses la guerrilla dará de baja sus armas por completo. En los próximos años, una Comisión de la Verdad documentará las responsabilidades por las atrocidades cometidas por todas las partes. Y Colombia tendrá una oportunidad única de dejar atrás el legado de cinco décadas de conflicto armado.

En un mundo lleno de problemas, Colombia va a cambiar su imagen internacional de ser un país asociado a las drogas y la violencia, y en su lugar, se convertirá en una fuente de orgullo y de inspiración para el mundo.