La policía india investigaba ayer a seis personas por la brutal explosión del domingo en un templo del sur del país por unos fuegos artificiales no autorizados y que se saldó con más de 100 muertos.

La noche del sábado miles de familias habían acudido al templo de Puttingal Devi, en la ciudad costera de Paravuren (estado de Kerala), como parte de las festividades del Año Nuevo hindú.

Pero un cohete cayó sobre el depósito de los fuegos artificiales que iban a lanzarse, produciendo una gigantesca explosión. El balance actual es de 109 fallecidos y centenares de personas están siendo tratadas por quemaduras.

“El domingo detuvimos a seis personas y un séptimo acusado está hospitalizado”, por lo que aún no ha podido ser arrestado, afirmó el agente Sunil Kumar, un portavoz de la Policía del estado de Kerala, donde en la madrugada de ayer ocurrió la tragedia.

Según el portavoz, las detenciones se produjeron por “violación de la ley”, debido a que los arrestados carecían de permisos para manipular el material pirotécnico que provocó una fuerte explosión y un incendio en el templo Puttingal, en el distrito de Kollah.

De acuerdo con Kumar, la última cifra oficial de víctimas, que se hallaban en el templo y en sus inmediaciones asistiendo a un espectáculo de fuegos artificiales, es de 106 fallecidos y más de 300 hospitalizados, algunos de ellos en estado grave.

El primer ministro indio, Narendra Modi, que visitó ayer el lugar y calificó la catástrofe de “inconcebible”, anunció compensaciones por 200,000 rupias (unos 3,000 dólares) para los familiares de los fallecidos y 50,000 rupias (750 dólares) para los heridos.