El plan de deportación de refugiados desde la Unión Europea (UE) a Turquía comenzó ayer con la llegada a la costa turca de 202 personas, principalmente pakistaníes, bengalíes y afganos, que serán luego expulsados a sus países de origen.

Los primeros tres barcos con deportados desde las islas griegas han atracado en la ciudad portuaria de Dikili, en la costa egea del país, donde funcionarios turcos han recibido a los retornados.

Un total de 136 de ellos proceden de la isla de Lesbos, a apenas 25 kilómetros de distancia, y 66 de la isla de Quíos, medio centenar de kilómetros más al sur.

Varios manifestantes fueron a mostrar su apoyo a los expulsados y una banderola en la que ponía “Turkey is not safe” (“Turquía no es segura”) fue desplegada en la terraza de un hotel frente al puerto.

Pese a ello, la operación se desarrolló “en calma y orden”, según Moncure. Los migrantes, todos hombres, fueron llevados al puerto en autocares desde el campo de retención de Moria, a unos 10 kilómetros, y subieron con tranquilidad a los barcos.

En Chios, otra isla cercana a Turquía, el ferry Erturk Line-Cesme salió hacia las 05:00 (hora Meridiano de Greenwich con 66 migrantes a bordo, según la policía: 43 afganos, 10 iraquíes, seis paquistaníes, cinco congoleños, un somalí, un marfileño y un indio, la mayoría hombres, aunque un fotógrafo de la AFP distinguió al menos a cuatro mujeres.

Varias decenas de activistas y simpatizantes se manifestaron cerca del barco pidiendo “libertad”, aunque no hubo enfrentamientos.

Otras 50,000 personas en Grecia

El acuerdo firmado entre la Unión Europea y Turquía prevé que por cada sirio devuelto, otro sea admitido en territorio comunitario, con un tope de 72,000 personas.

Un primer grupo de 16 sirios aterrizó el lunes en Hanover, en el norte de Alemania y estaba previsto que un segundo grupo llegase a lo largo de la mañana.

Una fuente gubernamental alemana indicó el domingo que varias decenas más de migrantes llegarían a Francia, Finlandia y Portugal.

La agencia de prensa griega ANA anunció el domingo que 750 migrantes serían devueltos a Turquía entre el lunes y el miércoles, a ritmo de unos 250 al día, mayoritariamente paquistaníes, esrilanqueses y africanos.

Turquía, por su parte, ha empezado a acondicionar centros de registro frente a las islas de Lesbos y Chios, y un campo de gran capacidad más tierra adentro.

La UE ha enviado fuerzas de seguridad para apoyar la operación. Francia, por ejemplo, prevé enviar 200 personas entre agentes de policía, antidisturbios y gendarmes.

Ante la amenaza de expulsión inminente, numerosos migrantes habrían solicitado en las últimas horas el asilo, ya que, en principio, el acuerdo concierne únicamente a los que no lo hayan solicitado.

Pese a ello, la operación suscita una gran preocupación entre los defensores de los derechos humanos, entre ellos la organización Amnistía Internacional, que acusa a Ankara de forzar a un centenar de sirios al día a regresar a Siria; Turquía desmiente este punto.

Pero el acuerdo tampoco resuelve el problema de los 50,000 refugiados llegados a Grecia antes del 20 de marzo y que permanecen bloqueados en la frontera desde el cierre de la ruta de los Balcanes.