La violencia política, una vez más, nos enfrenta a la tragedia. La sensibilidad herida provoca que miremos hacia otro lado, pero lo correcto es vencer la natural resistencia del corazón compungido o la conciencia lastimada y encarar los hechos. Lo correcto es mirar de frente lo ocurrido para  sacar la debida enseñanza de la negativa experiencia. ¡Para que no se repita!

La violencia es una presencia cotidiana en la vida de todos los ciudadanos dominicanos: está en nuestra conciencia, la familia, el trabajo, las instituciones, en los partidos y en la relación del gobierno con los gobernados. La violencia es ubicua, su perfil puede ser el poder blando de la voluntad rendida a fuerza de favores o el del poder duro de la cuchillada o el disparo aleve.

La política es vivero donde crecen ambos perfiles de violencia. La variedad de semilla que mejor crece en el vivero de la política es aquella que viene genéticamente cargada con el poder del dinero combinado con el poder de la organización. El dinero consigue que los individuos o instituciones abandonen sus valores y preferencias a cambio de la recompensa. La organización es capaz también de presionar o amenazar para imponer a instituciones o individuos su particular gusto o interés.

Los sindicatos, y sobre todo los del transporte, tienen esa doble capacidad. Las actividades oligopólicas o monopólicas que realizan les han permitido estructurar organizaciones poderosas, casi mini estados, con capacidad de acumulación de mucho dinero. Fenatrado es el mejor ejemplo. Esta empresa sindical ha impuesto a las autoridades una y otra vez su propia ley para mantener el control total del transporte de carga en los puertos.

La conducta exhibida por Blas Peralta y sus personeros en la reunión convocada para dirimir diferencias sobre las candidaturas a regidores en San Cristobal es un reflejo de las prácticas violentas que le permitieron prosperar y que la negligencia, la complicidad y la impunidad más absoluta le permitieron reproducir en todos los espacios.

La política, por desgracia, no ha sido la excepción. Las armas son las herramientas para resolver las diferencias en las rutas; entonces, no debe sorprender que las armas se utilicen para resolver una contradicción política. La lección: hombres así no deberían estar en la política.