Someter un diferendo de intereses a la decisión de árbitros privados es muy costoso; mucho más costoso que acudir a la “justicia pública ordinaria”. Es una expresión que escucho mucho.

Cuando oigo esos comentarios no puedo evitar aclarar que desde el punto de vista filosófico jurídico una litis o conflicto judicial se considera como una transacción. Las partes renuncian a desenvainar la espada o las armas para dejar que una entidad dirima sus disputas. La llamada justicia pública, es pues, bajo ciertos parámetros, hija de la voluntad privada.

El arbitraje surge de la misma fuente. Las partes deciden que una disputa jurídica sea conocida y fallada por árbitros. En nuestro país el centro de resolución de conflictos mediante árbitros más conocido es el de las Cámaras de Comercio, instituido por la ley 50-87.

Durante la burbuja inmobiliaria que culminó en 2007, la mayoría de los contratos contenían una cláusula arbitral. Se debía a que un proyecto no podía detenerse por años por diferendos jurídicos entre las partes. Se entendía que un panel de árbitros estaba más calificado para agilizar las decisiones, sosteniendo el clima de negocios.

Un proceso de los llamados ordinarios, resultante de un conflicto entre empresas, puede dilatarse entre 5 a 7 años, con muchísima suerte. Según nuestra experiencia, el arbitraje puede reducir esos plazos a la mitad.

Si tomamos en cuenta el tiempo y su inestimable valor; entonces un proceso arbitral es menos costoso que la llamada justicia ordinaria. Lo que sí parece más caro a veces es el boleto de entrada en algunos casos porque hay que garantizar los honorarios de los árbitros. ¿Qué tan costoso puede resultar? Depende del método del centro arbitral escogido. Algunos tienen sus tarifas que se pueden consultar. En otros casos los árbitros deciden sus propios honorarios.

El hecho de que haya que solventar el costo de los abogados defensores de las partes, ordinario o mediante arbitraje, indica que no es cierto que el arbitraje sea más costoso. El costo del arbitraje resulta siempre una fracción del costo total, que incluye, como hemos dicho, el pago de honorarios de abogados. Haga sus cuentas, no creo que sea la cura más cara.

 Hielo, movido, no batido.

@Fre_emprendien2