Luego de cumplir una condena de 20 años de prisión salió ayer en libertad Juan Manuel Moliné Rodríguez, acusado de complicidad en el asesinato del niño de 12 años José Rafael Llenas Aybar, encontrado muerto de 34 puñaladas en el año 1996.

“Yo quiero pedirle perdón a la madre (del niño Llenas Aybar) y a la sociedad porque actué de una manera equivocada y la falta de experiencia me traicionó. No soy la misma persona que entró a la cárcel en el año 1996; este tiempo lo utilicé para reflexionar”, dijo Moliné Rodríguez en declaraciones a la prensa, en las afueras de la residencia de sus padres a donde llegó ayer pasadas las tres de la tarde.

Sobre las expectativas que tiene en cuanto a la receptividad de la sociedad, subrayó que cumplió “día tras día y sin privilegios” el castigo que le fue impuesto y que la aceptación que pudiera recibir a su salida de prisión va a depender de quienes convivan con él.

“Todo el mundo se merece una oportunidad (…) A los jóvenes les sugiero que traten de hacer las cosas correctamente; que se alejen del crimen y de las malas influencias”, enfatizó Moliné, quien dijo que en los próximos días estará aprovechando el tiempo en familia y reflexionando sobre sus acciones.

Moliné Rodríguez, quien entró a prisión a los 18 años de edad, invitó a los periodistas a verificar los expedientes para darse cuenta de que no fue él quien asestó las 34 puñaladas al referido adolescente.

Además de la privación de libertad en el centro de Corrección y Rehabilitación Najayo-Hombres, Moliné Rodríguez fue condenado al pago de una multa de 277,000 dólares por colaborar con Mario José Redondo Llenas en el asesinato de su primo José Rafael Llenas Aybar.

Este año Llenas Aybar cumpliría 32 años de edad

José Rafael Llenas Aybar tenía 12 años cuando le quitaron la vida.

Según declaraciones de la madre, ocurrido el hecho, su hijo la llamó (día 3 de mayo de 1996) al trabajo para pedirle permiso e ir con su primo, Mario José Redondo Llenas –actualmente en prisión cumpliendo una condena de 30 años– a una exposición de motores.

Más tarde, Redondo Llenas, la llamó para decirle que el niño quería que lo dejaran en una plaza bolera para reunirse con unos amigos. La madre se extrañó, visitó ambos lugares y fue allí donde empezó la búsqueda de su pequeño que no estaba en ninguno de los lugares antes mencionados.