El 11 de julio de 2015, Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, escapó de la cárcel penal de máxima seguridad “El Altiplano”, convirtiéndose en el primer preso en huir de ese centro. ¿Cómo lo hizo? Sus secuaces, expertos en la construcción de túneles, hicieron uno de 1.5 kilómetros que conectaba el baño de la cárcel con una casita.

La experiencia para realizar excavaciones de este tipo la consiguieron durante mediados de la década de los 90, cuando “El Chapo” era conocido como “El señor de los túneles”. Eran decenas de pasillos subterráneos que conectaban el norte de México con el sur de los estados de California, Arizona y Texas, en Estados Unidos.

Por ahí pasaban toneladas de droga todos los días. Los conductos tenían las mismas características del que Guzmán usó para su cinematográfica fuga: ventilación, rieles para carros transportadores e incluso caminos para pequeños camiones. Así lo explica Malcolm Beith en su libro “El Chapo.

El último narco. La fuga”, que también brinda detalles poco conocidos sobre cómo se formó la figura de Guzmán Loera y describe rasgos de su personalidad, que dan luces para entender los últimos acontecimientos.

Uno de ellos es su capacidad de seducción, que no se limita a sus relaciones con las mujeres, pues también ha sido capaz de convencer a guardias y responsables de custodiarlo. “El día en que ‘El Chapo’ puso el pie en Puente Grande, el 22 de noviembre de 1995, impuso las reglas”, relata el investigador.

Por supuesto, era cuestión de tiempo que se escapara. Su primera fuga mediática ocurrió el 19 de enero de 2001: salió escondido en el carro de la lavandería y llevado por otro reo, el “Chito”.

Esta acción no hizo más que hacer crecer la figura de “El Chapo” en la narcocultura que existe en los estados del este de México, ahí donde está la frontera real entre el Estado y el narcotráfico, un territorio muy parecido a lo que era el viejo oeste estadounidense del siglo XIX. Son los “narcos” los que mandan y los que proveen, y la gente se los reconoce.

Badiraguato, el lugar donde nació el “capo”, es la última frontera. De ahí hacia la sierra, el Estado no puede llegar, en parte porque tanto la policía como las autoridades están corruptas. “Cuando los policías se cruzaban con ‘El Chapo’ en el camino, lo llamaban ‘jefe’”, expone el texto.

Pero cuando Guzmán todavía no era “El Chapo”, sino uno más entre varios de los llamados “narcos antiguos”, destacó por su capacidad para leer las situaciones, calcular y desde ahí tomar decisiones. El autor destaca que “su capacidad de calcular riesgos y tomar las decisiones correctas, luchar cuando era el momento de luchar, hacer alianzas al momento apropiado, esconderse cuando era necesario” lo llevaron a ser lo que es hoy.

Sin piedad, el líder delictual fue liquidando a su competencia hasta convertirse en el narco más buscado por la DEA estadounidense, como proveedor del país que más drogas ilícitas consume en el mundo.

No obstante, fue la atracción que siente por las mujeres hermosas y el vértigo por intentar seducirlas lo que le jugó en contra y provocó finalmente su recaptura. “Creo que había un juego entre él, Kate del Castillo y Sean Penn, y en el que ‘El Chapo’ estaba en una posición de poder. No sé todavía exactamente qué buscaba el Chapo, pero veremos”, dice Beith.