La presidenta brasileña Dilma Rousseff enfrenta desde ayer la fase final de su juicio político, que probablemente concluirá con su destitución y con la salida de la izquierda del poder en el país más grande de América Latina.

En ese caso el mandato de Rousseff será completado hasta 2018 por Michel Temer, su ex vicepresidente devenido en archienemigo, y que gobierna desde mayo, cuando la mandataria de 68 años fue suspendida del poder por acusaciones de que violó normas fiscales, al maquillar el déficit presupuestal.
“Voy a votar a favor del ‘impeachment’, que es un instrumento político que nos permite sacar del poder a quien está haciendo un mal uso de él”, señaló Simone Tebet, del Pmdb, las mismas filas de Temer, tras iniciarse los debates en el Senado.

El final de este dramático juicio político ocurre tras meses de tensiones, que han dividido a un país azotado por una recesión galopante, un creciente desempleo (más de 11 millones de personas) y un masivo escándalo de corrupción que pone en aprietos a toda su clase política, tanto de izquierda como de derecha.

“¿Cuál es la moral de este Senado para juzgar a la presidenta?”, lanzó la senadora Gleisi Hoffmann del Partido de los Trabajadores (PT), la fuerza que está al mando del país desde hace trece años.

Más de la mitad de los 81 senadores que deciden el futuro político de la mandataria están señalados o investigados por causas de corrupción.

Los sondeos indican una tendencia prácticamente irreversible en favor de la destitución, que requiere de una mayoría especial de 54 votos (dos tercios) de los 81 senadores.

El lunes será la propia Rousseff la que tomará la posta de la defensa. Una vez concluida, dará paso a la votación final, en la que se definirá si se le impugna el mandato.

“Golpe de estado”

En caso de ser sentenciada, Rousseff quedará inhabilitada para ocupar cargos públicos por ocho años. Si es absuelta, esta economista de carácter estoico y que militó en una guerrilla marxista durante la dictadura (1964-1985), recuperará su gobierno.

La mandataria insiste en que es “inocente” y denuncia ser víctima de un “golpe de estado” orquestado por Temer, quien fue su compañero de fórmula en 2014 para ganar la elección.

Rousseff está acusada de violar las normas fiscales al manipular datos que permitieron ocultar la verdadera situación de las cuentas públicas de su gobierno, y emitir por decreto líneas de crédito extraordinarias sin el aval del Congreso.

La mandataria aduce que esas han sido prácticas corrientes en Brasil.

Aislada, la presidenta vivió una suerte de destierro en el Palacio de Alvorada, la residencia oficial.

El cese temporal en mayo de Dilma Rousseff en el gobierno mejoró levemente la confianza en el gigante sudamericano, bajo el gobierno interino de Temer.

Solventar la economía, con probables medidas de austeridad, es apenas uno los desafíos que enfrenta Temer, si finalmente queda en el cargo. Y todo eso con una popularidad de apenas 13 % y sin la legitimidad que dan las urnas.

Cita

“¿Cuál es la moral de este Senado para juzgar a la presidenta”. Gleisi Hoffman, senadora del PT.