La campaña presidencial de Estados Unidos, una de las más repugnantes de la historia según el propio electorado, llegó a su fin. El 20 de enero de 2017, el nuevo presidente de Estados Unidos asumirá el cargo y tendrá que ocuparse de una serie de responsabilidades para sus 100 primeros días de mandato. De los problemas heredados, quizás el principal sea enfrentar  la profunda división que dejó el proceso en la sociedad estadounidense.

El nuevo gobernante tendrá que enfrentarse a una sociedad fracturada y a una aprobación bastante baja: según datos del Pew Research Center, mientras un 62 por ciento del electorado tiene una mala imagen sobre Donald Trump, un 51 por ciento la tiene de Hillary Clinton, para hacer de esta la elección con peor popularidad de los candidatos.

La puesta en marcha de los planes del vencedor depende también del resultado de las elecciones del Congreso, que elige a un tercio del Senado y a la totalidad de la Cámara de Representantes.

Política interna

El sistema de salud también será uno de los problemas a resolver. Mientras los costos del Obamacare prometen subir en los próximos años, un 46 por ciento de la población lo aprueba. Mientras Donald Trump había anunciado que pretendía cambiarlo en los 100 primeros días de su hipotético gobierno por considerarlo “desastroso”, Hillary Clinton pretendía mejorarlo, profundizarlo y ampliar su cobertura.

Los fondos de la seguridad social también son un problema importante para el país, con las reservas de liquidez cada vez más bajas. Mientras Clinton prometió subir los impuestos a los más ricos del país, Trump no ha anunciado cómo solucionará este problema.

Relaciones exteriores: Medio Oriente y Rusia

Estados Unidos está directamente involucrado en las guerras que se están llevando a cabo en Oriente Medio. Mientras en Siria lidera la alianza rebelde contra Bachar el Asad, en Irak apoya al ejército local y a las fuerzas kurdas para derrotar al Estado Islámico. Como antagonista, el ejército de Rusia está apoyando al gobierno de Siria, lo que ha causado un enquistamiento del conflicto en el país.

Trump pretendía tener buenas relaciones con Rusia, mientras un gobierno de Clinton mantendría la política de Obama, que ha consistido en apoyar a las fuerzas locales para solucionar sus conflictos. De todas formas, la percepción sobre la labor de Clinton como secretaria de Estado (2009-2012) no es buena en la población estadounidense.