Como si se los hubiera tragado la tierra, como si sus nombres se hubieran perdido en la neblina de la impunidad. Las víctimas de desapariciones forzadas, que alguna vez fueron borradas físicamente durante algún régimen autoritario, permanecen en el recuerdo de quienes, después de años, elevan un clamor de justicia social.

El Museo Memoria de la Resistencia y los familiares no se conforman y paso tras paso, año tras año, en las calles de la Zona Colonial, le dicen al Estado Dominicano que siguen indignados y que esperan una razón que explique la ausencia de sus seres queridos.

Luisa de Peña Díaz, directora del Museo Memorial de la Resistencia Dominicana y vocera de la Federación de Fundaciones Patrióticas, cuenta sobre las razones que los mueven a traer al presente a esos desaparecidos de épocas pasadas.
 
¿Qué buscan con esta “Caminata por los Desaparecidos?

Nosotros, desde que se declaró el Día Internacional de los Desaparecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 2010, hacemos una caminata para recordarle a todo el mundo los desaparecidos de República Dominicana. Los desaparecidos de manera forzada por razones políticas y los desaparecidos en general.

Creemos que a través de esta caminata mantenemos viva la memoria porque uno de los objetivos de los perpetradores de una desaparición forzada es borrar la existencia de esa persona y siempre que nosotros los recordemos nunca los habrán borrado totalmente.

Habrán podido desaparecer físicamente pero su legado se mantiene. Esa es la razón de esta caminata, que se hace en todo el mundo; en especial en los países que pasaron por dictaduras y que viven hoy día en democracia. Los ciudadanos y familiares recuerdan a esos desaparecidos; sobre todo les recuerdan a los gobiernos de turno, que es el Estado en general, quien debe dar respuesta a los desaparecidos.

Según sus registros históricos, ¿cuántos desaparecidos forzados hay en República Dominicana?

En el periodo que nosotros cubrimos, que es de 1916 a 1978, se estima que más de 25 mil personas sufrieron desaparición forzada y entre estos se cuentan a los 17 mil seres humanos de nacionalidad haitiana que fueron víctima de genocidio durante la dictadura de –Rafael Leonidas– Trujillo; están, naturalmente, también los dominicanos que desaparecieron en esta época. Figuran los desaparecidos en el gobierno de Joaquín Balaguer y de la Guerra.

Hay una suma estimada de 50 mil víctimas en total, dígase, directas, y alrededor de 100 mil víctimas indirectas de las dictaduras del siglo XX. Para que tengas una idea de la desaparición forzada, aquí no se ha hablado lo suficiente. Francisco Alberto Caamaño es un desaparecido, por ponerte el caso de uno de los desaparecidos más famosos. Hay miles de desaparecidos en República Dominicana.

Las víctimas directas son aquellos que fueron asesinados, desaparecidos o torturados. Las víctimas indirectas son aquellas que fueron afectadas por esas acciones. Por ejemplo, si a tu papá lo desaparecen, tú, como hija, eres una víctima indirecta del terrorismo de Estado, porque te privan de esa presencia pero tu padre en este caso es la víctima directa. Hay diferentes niveles de víctimas; hasta primero, segundo y tercer nivel. Los vecinos, los familiares.

La gente cree que un crimen de la dictadura es solamente decir mataron a fulano, y no es así. Como un cáncer que afecta el cuerpo humano, así son los crímenes de la dictadura. Le ocurre a una persona pero afecta a todo el que le rodea.

Nosotros tenemos un trauma social producto de la dictadura que no se ha superado y por eso tú ves el autoritarismo, el abuso de poder, y miedo a no decir o no hacer cosas; eso es parte del trauma psicológico que tiene la sociedad dominicana.

¿Por qué esas cifras no abarcan los 10 años del Gobierno de Balaguer (1986-1996)?

Solo llegamos (a contabilizar) hasta el año 1978. Resulta que los otros años de Balaguer, a pesar de que hay una desaparición forzada muy conocida, que es la de Narcisazo (Narciso González) no se aplicaba el terrorismo de Estado. Sí lo tenemos en nuestra lista pero tiene una condición diferente.

Es un crimen de Estado aislado, no como en los Doce Años, que era una política permanente; diseñada y dirigida desde el Estado y eran desapariciones sistemáticas.  En algún momento veremos (las fechas), pero en lo inmediato no hemos terminado con la parte que tenemos, imagínate si agregamos más.

Teniendo en cuenta que quizá los victimarios están, probablemente, muertos, ¿cómo cree usted que se puede hacer justicia en estos casos después de tantos años?  

La justicia, al igual que las víctimas, tiene diferentes niveles. Existe la justicia en caso judicial y en el momento de salir de la dictadura se llama justicia transicional, que es la necesaria para pasar a la democracia. Esa justicia no se hizo en República Dominicana. Los perpetradores, la gran mayoría, han muerto en su cama tranquilos.

Pero existe otro tipo de justicia que es la moral y la social. En el momento en el que se reconoce a la víctima como víctima ya se está haciendo justicia moral. A mí me parece que el primer paso debe ser firmar la Convención de Desaparición Forzada; tanto de la Organización de Estados Americanos (OEA), como de la Organización de las Naciones Unidas, que República Dominicana no la ha ratificado. Ese es un instrumento que sirve de garantía para la ciudadanía.

Luego, en esa justicia moral está la justicia social que no solamente reconoce a la víctima sino reconoce al perpetrador. Es importante, aunque el perpetrador no exista físicamente, que a la sociedad se le dé el mensaje de cero tolerancia hacia los crímenes de lesa humanidad. Si han pasado 50 años y usted que ya no está, violó la vida y es señalado como un perpetrador de la dictadura, a los jóvenes se les dice, no importa el tiempo que pase, que el crimen nunca queda impune aunque no pagues físicamente, porque ya te moriste pero eso queda sobre tu nombre. Entonces es importante para que una sociedad sea de pleno derecho.

Es increíblemente doloroso caminar por las calles y uno saber que muchos de los perpetradores, porque no todos están muertos, están vivos y viven vidas de reyes y andan en las calles como señores, y tú los ves y dices: “pero son tremendos asesinos”, y es muy doloroso que la sociedad no los reconozca como tales porque se le ha negado ese derecho a la verdad.

Es una sociedad que no vive sobre la verdad ni de la transparencia. Entonces, ¿de qué uno se asombra con todas las cosas que pasan después?  Si no nos regimos por el principio de que la vida es sagrada, entonces ¿de qué más hay que hablar?

El Estado, cualquiera que sea el gobierno de turno, tiene la responsabilidad porque fue el que violó la vida. El Estado es continuo; tiene la obligación de garantizar la vida de sus ciudadanos. Si en un momento dado producto de un gobierno dictatorial, el Estado viola la vida de un ciudadano, el próximo gobierno tiene la responsabilidad de rectificar eso.

Mientras nosotros estemos mirando hacia otro lado, y digo nosotros los dominicanos, estamos faltando a la principal responsabilidad del Estado, que es garantizar la vida de sus ciudadanos. Si no es así, entonces vámonos para la caverna.

En muchos países donde se ha acogido la convención ha dado muy buenos resultados. En muchos países han creado una comisión de la verdad como primer paso. Una vez una persona me dijo que para qué yo quería una comisión de la verdad; si era para apresar a una persona 60 años después. Y no, el objetivo de esta comisión es la búsqueda de la verdad y la verdad es un derecho.

Entonces nosotros abogamos por esas dos cosas. La firma de las convenciones sobre desaparición forzada y la creación de una comisión de la verdad como primeros pasos para la recuperación de todo ese trauma social psicológico que arrastramos los dominicanos.

La frase más famosa de los dominicanos es “tú no sabes quién soy yo”, y eso es una herencia de la dictadura. Eso significa “yo soy un jefe”. Y si yo soy un ciudadano,  tú como jefe no me puedes tocar. No hemos llegado a analizar eso con la profundidad que amerita.