A pesar de las preocupaciones de Estados Unidos sobre los abusos de derechos humanos y asesinatos masivos en Filipinas, ambos países pusieron en marcha ejercicios militares conjuntos anuales durante la mañana del martes, 4 de octubre. El nuevo Presidente en Manila, Rodrigo Duterte, dijo que el entrenamiento de este año sería el último.

Según los informes, en los últimos años Estados Unidos ha enviado a Filipinas cientos de millones de dólares en asistencia para el desarrollo militar y la ayuda exterior, siendo el tercer mayor receptor de ayuda militar en Asia después de Afganistán y Pakistán. Husain Haqqani, exembajador de Pakistán para los EE.UU. y director para Asia Central y Sur en el Instituto Hudson, Washington DC, le da a Metro su visión sobre la relación entre los dos países.

¿Cómo va hasta ahora la guerra de Filipinas contra las drogas?

Brutalmente. Y no sabemos si las más de 3,000 personas que han muerto bajo la represión puesta en marcha desde que el presidente Duterte asumiera el cargo hace tres meses estaban todos involucrados en drogas. Las organizaciones internacionales no gubernamentales, así como el gobierno de EE.UU. han planteado preguntas sobre los homicidios y las preocupaciones sobre la violación de derechos humanos por las fuerzas de seguridad.

Filipinas y Estados Unidos comenzaron ejercicios militares anuales conjuntos el martes. ¿Qué importancia tienen estos entrenamientos?

Estos ejercicios militares son importantes, pues demuestran los cercanos lazos entre Filipinas y EE.UU., pero también por su importancia estratégica de enviarle un mensaje a China y otros países de que los EE.UU. tiene la intención de mantener su presencia en el Pacífico.

Estados Unidos ha enviado a las Filipinas cientos de millones de dólares en ayuda exterior, asistencia militar y ayuda para el desarrollo en los últimos años, que la convierten en el tercer mayor receptor de ayuda militar asiática de EE.UU. después de Afganistán y Pakistán. ¿Qué está haciendo EE.UU. sobre las matanzas masivas detectadas?

La relación de Estados Unidos y Filipinas se remonta al tratado de defensa mutua de 1951. Con los años, Filipinas ha recibido considerable ayuda económica y militar de los EE.UU., US$175 millones en asistencia para el desarrollo y US$50 millones en financiación militar en 2015. En el 2016, hasta ahora, ha recibido US$ 5 millones para la lucha contra el terrorismo y la seguridad marítima. Pero las políticas de Duterte podrían poner la relación EE.UU.-filipina en riesgo.

¿Cómo?

EE.UU. está preocupado por el abuso de los derechos humanos y asesinatos a pesar de que Filipinas durante los últimos 65 años ha sido fundamental para los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región. Con el ascenso de China y el reequilibrio de EE.UU. en el Pacífico, los estrechos vínculos con Filipinas son críticos para la política de EE.UU.. El ejército de EE.UU. todavía tiene acceso a las bases militares filipinas.

El 1 de octubre, en una reunión de ministros de Defensa del sudeste asiático, el secretario de Defensa estadounidense Ashton Carter se refirió a la relación entre EE.UU. y Filipinas como “blindada”. Sin embargo, los miembros del Congreso de Estados Unidos han comenzado a plantear preguntas sobre la retórica que emana de Filipinas, así como la preocupación por los asesinatos en masa en la guerra contra las drogas.

Duterte también parece estar en búsqueda de mejores relaciones con China por el anuncio a finales de septiembre de que los próximos ejercicios militares conjuntos de soldados filipinos y soldados estadounidenses serían los últimos.

¿Cómo afectará a la región una ruptura de las relaciones diplomáticas?

Dudo que se llegue a eso. La política interna a menudo conduce a los políticos a implementar retórica que puede perjudicar las relaciones exteriores. Filipinas ha sido un aliado de Estados Unidos durante los últimas seis décadas y ha obtenido una ayuda económica y militar significativa.

Los líderes filipinos entienden esto. Duterte es sólo uno de los muchos líderes nacionalistas que llega al poder gracias al populismo y quiere demostrar su independencia en política exterior, en este caso, al afirmar una cierta distancia de Estados Unidos. Pero incluso si intenta romper los lazos con los EE.UU., Filipinas es importante para la alianza estratégica de Estados Unidos en el Pacífico, por lo que Washington tratará de asegurarse de que la alianza se mantenga.

Para todo el ruido sobre Filipinas acercándose más a China, no hay que olvidar que Filipinas fue quien acudió a la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya en contra de China, incluyendo la legalidad y la reivindicación de la “línea de nueve puntos” de China en el sur del mar de China bajo el Derecho internacional del mar.

¿Qué podemos esperar en el futuro?

Después de su retórica periódica, Duterte dejará que los diplomáticos filipinos limen las diferencias.

Los beneficios de los estrechos vínculos entre Estados Unidos y Filipinas son obvios y están establecidos desde hace mucho tiempo.

La ganancia de Filipinas de acercarse a China a costa de poner en riesgo sus lazos con los EE.UU. podrían no gustar mucho en Manila.