Al parecer, no solo los dominicanos se dejan atraer por la economía de Chile: los haitianos también han encontrado ventajas al residir allí. A partir del 12 de enero de 2010, cuando Haití sufrió un devastador terremoto, la migración hacia el país sudamericano se ha fortalecido.

Quienes deciden buscar mejores condiciones lejos de su país que, según Naciones Unidas, tiene el índice de desarrollo humano más bajo del continente, se aglomeran en comunidades como Quilicura, Estación Central, San Bernardo, Independencia y Recoleta, si es en la capital chilena.

Se habla de que ya forman una colonia; el sur del país es su lugar preferido, quizás por los trabajos mineros que esta zona les ofrece. Y contrario a los dominicanos, estos ciudadanos no necesitan portar un visado para ingresar a Chile, lo que representa una ventaja para su desplazamiento.

Wilson Destina es un migrante haitiano que no quiso esperar a que su padre se lo llevara a Estados Unidos, sino que decidió irse a Chile junto a su pareja, mientras hacen los trámites legales para viajar al país norteamericano.

“Decidí venir a Chile porque una prima vive aquí y me invitó, entonces decidí quedarme y buscar trabajo porque la situación económica de mi país no está muy buena”, explica a Metro este hombre de 31 años.


Destaca que cuando llegó a Chile se sentía triste y que en algunas ocasiones hasta lloró por la lejanía de su familia y por las implicaciones de no haber regularizado su entrada. “Porque si no estás legal es como si no existes, no puedes estudiar ni trabajar; sin embargo, ahora me gusta porque ya tengo mis papeles en ley y puedo trabajar”, comenta.

En Puerto Príncipe, capital de Haití, este hombre que ahora subsiste en tierra lejana era estudiante de ingeniería electromecánica. Hoy trabaja como cocinero en un hotel y dice que cuando necesita dinero su papá le envía desde Estados Unidos. Su principal motivación para persistir, dice, son sus familiares. “Yo trabajo para mandarle dinero a mi madre que está en Haití, además como trabajo mucho no tengo tiempo de pensar en la tristeza”, subraya Destina.
En contraste con Wilson Destina, Jalques Venante, otra nacional haitiana, resalta las diferencias culturales entre ambos países y asegura que sueña con regresar a su patria. Dice que trabajará para ahorrar mucho dinero y así volver junto a sus parientes.
Con 23 años, esta haitiana ya tiene una hija, un bebé en camino y ha vivido en dos países diferentes al de su origen. Las condiciones económicas de Haití la han obligado a migran a otros lugares.

“Para venir a Chile tuve que irme a República Dominicana, donde viví cuatro meses. Llegué a Chile hace dos años y vivo con mi pareja y mi hija”, explica Jalques.

“Mi pareja se llama Elry Laguette, tiene 25 años, y trabaja en construcción desde hace tres años, cuando vino. A él la estadía aquí no se le ha hecho difícil porque él tiene a toda su familia aquí”, destaca.

Sin embargo, subraya que para ella el cambio no fue muy favorable debido a que sus hermanos, así como el padre y la madre, se quedaron en Haití.

“Vine para acá sola, y no tenía amigas, algunas veces me pongo a pensar en mi mamá y mi papá y me pongo a llorar. Antes pensaba en irme pero ya no”, confiesa.

Esta mujer explica que lo más difícil de todo ha sido la diferencia idiomática y acostumbrarse al frío. “Aunque aquí es fácil encontrar trabajo, para mí fue un poco complicado porque cuando vine no sabía hablar español así que duré tres meses en la casa sin hacer nada y luego una señora me contrató”.

Destaca que antes trabajaba como nana y como vendedora en un almacén pero que ahora está desempleada como consecuencia de su embarazo.

“Pienso quedarme un buen tiempo para trabajar, reunir dinero y así irme, pues a pesar de la situación económica, si me ponen a elegir entre Chile, República Dominicana y Haití prefiero mi país”, concluye la extranjera.