Para preservar su seguridad, le llamaremos “Mariana”. Tiene 23 años, trabaja y es estudiante. Todos los días debe transitar por la avenida 27 de Febrero y la calle César Dargam de El Vergel, en el Distrito Nacional.

A pesar de la inseguridad ciudadana que se vive en República Dominicana, no tenía miedo de transitar sola por esas vías, que después de las 10:00 de la noche se tornan hostiles por las particularidades de la zona.

Sin embargo, todo cambió cuando tuvo que comenzar a estacionar su carro en la calle Dargam, donde “merodean” por lo menos tres hombres que se identifican como los “parqueadores del pedazo”, a quienes los conductores “deben pagarles por cuidar sus vehículos”, ante la mirada indiferente de las autoridades.

Una tarde, alrededor de las 5:30, Mariana estacionó su vehículo en la avenida México, en El Vergel. Cerró su carro y se desmontó. Al dar unos pasos, un hombre de unos 60 años le pasa un “ticket” y le dice que son 50 pesos.

Ella lo mira y le explica que las vías públicas no son propiedad de nadie y que no le pagará nada, porque su labor es ilegal y además no le está solicitando ningún servicio.

El hombre, de quien ni siquiera sabe su nombre, la amenazó y le advirtió que no podía parquearse ahí otra vez porque esa es su área de trabajo.

Indignada, le manifiesta que no le interesa si es su área de trabajo. Le dice que ya había “metido preso” a un parqueador por una actitud similar y que espera no tener que llamar a la Policía Nacional (PN), nuevamente.

Otro caso

Mariana se refiere a lo sucedido en diciembre de 2015, cuando estuvo involucrada en la misma situación, debido a que tenía que parquear su carro en la calle Manuel Rodríguez Objío, cerca del Palacio Nacional.

En ese momento, el parqueador de la zona fue tan feroz que le pinchó las gomas del carro, por la misma razón que los demás parqueadores la han agredido verbalmente, por no pagarles peaje para estacionar su carro en las calles de Santo Domingo.

Es que además de la imprudencia de los conductores, la basura y los vendedores ambulantes, las calles también están “plagadas” por hombres y mujeres que cobran por sentarse en una esquina a esperar que los ciudadanos estacionen sus vehículos.

“Se podría decir que es una nueva modalidad de indigencia. Esas personas se pasan el día pidiendo solo por estar parados en las calles de Santo Domingo”, insiste Mariana.

Explica que lo peor del caso es que cuando le indica que no tienen por qué cuidar su vehículo la amenazan diciéndole que a su regreso podría encontrarlo violentado.

Comenta que es difícil salir de trabajar para ir a tomar clases en la universidad, hasta las 10:00 de la noche, y vivir con el temor de que al dirigirse a su vehículo el parqueador la pueda estar esperando para hacerle daño.

“Una noche, la profesora despachó a las 10:10 de la noche y cuando me dirigía a mi vehículo (estacionado en la calle porque no hay parqueos suficientes en la universidad), el parqueador me estaba esperando detrás de mi carro y me dijo que le tenía que dar 100 pesos”, agrega.

Y dice que al mirar a su alrededor se dio cuenta de que no había nadie en la calle y todos los negocios del lugar estaban cerrados, por lo que tuvo que abrir su cartera y darle al hombre lo que pedía por miedo a ser agredida.

Pero eso no es nada comparado a lo que le ocurrió hace una semana. Como ya la mayoría de los parqueadores de la zona la identifican, Mariana ha optado por estacionar su vehículo un poco más hacia la 27 de febrero, para evitar inconvenientes, en parte generados porque los demás conductores sí acceden a pagar por estacionar su vehículo en la calle, evidenciando el bajo nivel de empoderamiento ciudadano de los dominicanos.

La joven tomó la decisión para tener la certeza de que al salir a las 10:00 de la noche de su clase podrá dirigirse a su vehículo sin mayores contratiempos. Pero la medida fue inútil.

El pasado lunes cuando salió de la universidad, justo a las 10:15, se dirigió a su vehículo y al abrir la puerta se encontró con la sorpresa más desagradable de su vida: otro parqueador.

Pero éste no es un parqueador cualquiera. Es el vigilante nocturno que presta servicios en la plaza comercial que está precisamente en la avenida 27 de febrero con César Dargam.

Parqueador armado

Un hombre de unos 50 años, blanco, bajo de estatura y con una escopeta en la mano, le dice que tiene que pagarle 50 pesos porque él le está cuidando el carro desde las 7:00 de la noche.

Le informa que es el vigilante de la plaza comercial, pero que “se la busca” parqueando carros en esa calle porque la vida está muy dura.

Mariana, sin otra opción, no le respondió y rápidamente se subió a  su vehículo y arrancó a alta velocidad para evitar que el hombre, que ya estaba un poco molesto, hiciera uso de la escopeta.

“Sentí tanta impotencia al pensar que la vida de los ciudadanos está en manos de otros solo por la incapacidad de las autoridades”, dice, al puntualizar que esa semana, el esposo de una estudiante que acude a la misma universidad que ella, “se fue a los golpes” con uno de los parqueadores que le exigía pagarle 50 pesos por dejar su vehículo en la calle Dargam.

“Lo peor es que esa situación no solamente ocurre en ese sector. He notado que los parqueadores se aglomeran en lugares de mucha circulación vehicular para hacer su agosto a expensas de dominicanos que no han reaccionado”, manifiesta.

Precisa que en algunas calles del Centro de los Héroes estacionar un vehículo también se ha vuelto una misión imposible y revela que hace tres días al llegar a la calle Héroes de Luperón, tuvo que explicarle a la esposa de un parqueador que la “calle es libre”.

“La señora me dijo que eran 100 pesos. Que la disculpe porque su esposo (el parqueador habitual de la zona) estaba enfermo y que lo estaba representado”, destaca Mariana embargada por un sentimiento de incredulidad.

Para Mariana es difícil entender cómo los bienes comunes de los ciudadanos ya forman parte del  “patrimonio” de personas que, amparadas en necesidades económicas, ponen en riesgo la vida de tantas otras, aprovechando la falta de funcionamiento de las autoridades que, demás está decir; están obligadas por la ley a preservar la seguridad de los gobernados.

¿Qué dice la ley?

De acuerdo con el artículo 19 de la Ley 176-07, de Ayuntamientos y Municipios, son competencia de los cabildos el ordenamiento del tránsito de vehículos y personas en las vías urbanas y rurales, así como  gestionar y normar el espacio público, tanto urbano como rural.

Además, es su responsabilidad el ordenamiento del territorio, planeamiento urbano, gestión del suelo; también, la ejecución y disciplina urbanística, labores que podrían evitar situaciones como la que está viviendo Mariana. Todo porque la mayoría de las edificaciones del Distrito Nacional no cuentan con el número de parqueos suficientes con respecto a la cantidad de personas que circula por sus instalaciones cada día, unido a que en el país no existe una solución de transporte masivo que motive a la ciudadanía a no utilizar vehículos privados.

Algo más

En ninguna de sus partes la Ley de Tránsito se refiere a la condición de “parqueador en la vía pública”, mientras decenas, cientos, miles de conductores, al igual que Mariana, esperan poder llegar a cualquier lugar de Santo Domingo sin el temor de que alguien la amenace por usar la vía pública para estacionar su vehículo.